REVISANDO
LA REVISION DE 1960
Armando
Di Pardo
Un
estudio crítico de la Revisión de 1960 de la Versión Castellana Reina–Valera de
la Santa Biblia, a la luz de la "sana doctrina".
Ediciones "Adelphia"
© Copyright 1998 - 2002,
Adelphia. www.philadelphos.org
Ediciones
"Adelphia". ISBN N° 987-97636-0-2
Junta
de Publicaciones de la Comunión Espiritual de Iglesias e Instituciones
Cristianas Evangélicas "Adelphia"
Nueva
Edición ampliada en 1998
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Versión Antigua |
Versión Reina–Valera (1569 y 1602), Revisada en 1862 y 1909. Publicada por Sociedades Bíblicas Unidas. |
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Revisión 1960 |
Versión Reina–Valera, Revisada en 1960. Publicada por Sociedades Bíblicas Unidas. |
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RV 1977 |
Versión Reina–Valera, Revisada en 1977. Publicada por Sociedad Bíblica Internacional y CLIE, 1979. |
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RVA |
Versión Reina–Valera Actualizada (1989). Publicada por Editorial Mundo Hispano, 1990. |
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RV 1995 |
Versión Reina–Valera, Revisada en 1995, Edición de Estudio. Publicada por Sociedades Bíblicas Unidas, 1996. |
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VP |
Dios Habla Hoy. La Biblia Versión Popular. Segunda Edición. Publicado por Sociedades Bíblicas Unidas, 1983. |
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BA |
La Biblia de las Américas. Publicada por The Lockman Foundation, 1995. |
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NVI |
Nueva
Versión Internacional. Nuevo Testamento con Salmos y Proverbios. Publicado
por Sociedad Bíblica Internacional, 1995. |
INDICE
CAPITULO I. EL
SELLO DE AUTENTICIDAD Y AUTORIDAD LITERARIA
CAPITULO II.
Títulos incorporados indebidamente al Texto Bíblico
iii. Algunos "títulos" en el libro de Job.
v. Eliminación del término "MESÍAS", en títulos
sobre clásicos pasajes Mesiánicos.
x. Sobre la sección de Proverbios cps. 28 y 29
xii. Sobre Ia Tes. 2:17 a 3:13
CAPITULO IV.
CAMBIOS EN EL TEXTO, QUE AFECTAN DOCTRINAS
Sobre las palabras y su significado
La Cuestión de los Manuscritos
"Considera
lo que digo, y el Señor te dé entendimiento en todo" (2 Timoteo 2:7)
La
traducción de las Sagradas Escrituras de sus idiomas originales (hebreo, arameo
y griego) a una gran mayoría de las lenguas que se hablan en el mundo, puso la
Palabra Inspirada de Dios al alcance de la humanidad. Eruditos y fieles
creyentes de diversas épocas se dedicaron con esfuerzo a esta noble tarea para
que "la Palabra del Señor corra y sea glorificada" (2ª Tes.
3:1).
Ello
dio origen a maravillosas versiones o traducciones de la Biblia en
las lenguas modernas, como la "Versión Reina–Valera" en idioma
castellano, o la Versión "King James" en inglés, famosas por su
respeto de los textos originales y de amplia aceptación en el pueblo evangélico.
Como
fuera revelado proféticamente por el Señor y luego anunciado por sus apóstoles,
en los últimos tiempos se levantarían "falsos maestros", que por
haber escuchado a "espíritus de error y a doctrinas de
demonios" (1 Ti.4:1), traerían "otro
evangelio" (Gá.1:6-7), con el cual "engañarán,
si es posible, aún a los escogidos" (Mt.24:24).
Tales
"vientos de doctrina" soplaron con fuerza a fines del siglo XIX y
principios del siglo XX a través del así llamado "modernismo
doctrinal" y del "neomodernismo", corrientes teológicas que
rechazan la inspiración verbal y plenaria de las Santas Escrituras y mutilan o
reinterpretan los textos desconociendo su valor histórico y doctrinal. Dichas
corrientes niegan, por ejemplo, desde la Deidad Esencial y Propia del Señor
Jesús, Su nacimiento virginal, Sus milagros, hasta la redención por Su Sangre,
Su resurrección corporal, etc. Pretenden reinterpretar las Escrituras
calificando muchos de sus registros como relatos alegóricos carentes de
veracidad histórica, de los cuales se necesita extraer las enseñanzas
espirituales que pudieran contener.
A
ello se unen otros vientos doctrinales procedentes de las mismas "puertas
del infierno" que los anteriores: los movimientos ecuménicos que desde
mediados de este siglo intentan arrastrar tras una falsa unidad a cristianos
evangélicos con católico–romanos, ortodoxos y aún con judíos y otras religiones
no "cristianas". Tras esa corriente se han "unido" diversas
denominaciones evangélicas y han llegado a proponer la finalización de la obra
misionera de evangelización.
Iglesias
fundamentales en todo el mundo rechazaron tales corrientes de pensamiento; sin
embargo éstas han inundando seminarios y escuelas de Teología de muchas
"denominaciones" protestantes, y han hecho sentir su influencia en
las nuevas versiones de la Biblia. Con el argumento de actualizar el lenguaje y
hacerlo más sencillo y accesible al pueblo, no se ha cuidado la "sana
doctrina" permitiendo cambios que adecuan el texto bíblico a la tendencia
teológica dominante de corte neomodernista y ecuménico.
Así
ocurrió con versiones inglesas de las Sagradas Escrituras, como "The New
English Bible" publicada en Inglaterra o la "Revised Standard
Version" en Estados Unidos (1953), que suscitaron fuertes reacciones de
cristianos fundamentales en la fe. Posteriormente continuó hasta el día de hoy
la revisión y publicación de nuevas versiones en inglés: "Good News For
Modern Man" (1966), "The Living Bible" (1967) "New American
Standard Version" (1960), "New International Version" (1973),
"New King James Version" (1979), "New Revised Standard
Version" (1990), todas ellas denunciadas por fieles creyentes que
defienden la todavía ampliamente usada versión "King James".
También
en idioma español, la "Revisión de 1960" de la Versión Reina–Valera
suscitó en ese tiempo firmes resistencias y denuncias como las que emprendió el
autor de este libro y otros, al punto que no se interrumpió la impresión de la
Antigua Versión de 1909 como era la intención original de Sociedades Bíblicas.
Posteriormente
nuevas versiones se han multiplicado, las cuales no hicieron sino profundizar
cambios en la misma dirección, respetando aún menos los textos originales, en
pos de manuscritos corruptos tenidos por "más antiguos". Entre otras,
se destacan nuevas revisiones de la Versión Reina–Valera en 1977, 1989 (Versión
Reina–Valera Actualizada) y 1995 (Edición de Estudio), la Versión Popular
"Dios Habla Hoy" (1966,1970,1979,1983,1994), la "Biblia de las
Américas" (1995), la "Nueva Versión Internacional" (Nuevo
Testamento con Salmos y Proverbios: 1979, 1985, 1990, 1995), etc.
En
este informe solamente se contrastan algunas partes de la Versión Castellana de
las Sagradas Escrituras (Edición de 1909) conocida comúnmente como Versión
Antigua, que ha sido motivo de indebidos cambios en la nueva Biblia
oficialmente llamada "REVISIÓN de 1960" editada por las Sociedades
Bíblicas en América Latina.
La
primera edición de este trabajo se publicó en varios números de la Revista
Adelphos en Montevideo, Uruguay, entre 1972 y 1975. La segunda edición apareció
en Cuadernos de Fundamentos N° 9 en Barcelona, España. La
presente constituye una tercera edición que contiene pequeñas ampliaciones
respecto a las anteriores.
Finalmente,
encarecemos al amado lector la consideración atenta de este estudio a la luz de
uno de los tantos consejos que el anciano apóstol Pablo escribiera al joven
Timoteo: "Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste,
en la fe y amor que es en Cristo Jesús" (2ª Ti.1:13).
Los editores
Como
es sabido, las Sociedades Bíblicas Unidas vienen publicando desde hace ya
muchos años, una nueva Biblia en idioma Castellano codificada como
"Revisión de 1960 de la Antigua Versión Reina–Valera" (datada en 1569
y 1602, con revisiones en 1862 y 1909).
Que
nosotros presentemos ahora un nuevo Informe que insiste en protestarla,
parecería un intento fuera de término en pro de una causa ya obsoleta.
Sin
embargo, no lo es: porque también en materia de Revisiones Bíblicas, la perspectiva
del tiempo contribuye generosamente a la evaluación y juicio de los hechos; de
modo que nuevas reflexiones —inacusables de prematuras— tienen un lugar
legítimo y aún relevante, que las recomiendan a la consideración Cristiana.
Pero,
(se objetará), la experiencia ha demostrado que las protestas no logran hacer
cesar la publicación de las "nuevas Biblias", ni inciden mayormente
entre quienes las aceptan. Es un hecho comprobado que las líneas están ya
tendidas y no son permeables a corrientes adversas a las posiciones
predeterminadas. Entonces: ¿por qué insistir?
Se
contesta. Es cierto que, en nuestro caso, las protestas no lograron hacer cesar
la publicación de la "Biblia de 1960". Pero también es cierto que sí
lograron, que tampoco cesara la publicación de las fieles Biblias Versión
Antigua o Edición de 1909, cuya cesación estaba en los propósitos de la
Revisión de 1960!
Será
esclarecedor, al respecto, recordar aquí ciertos hechos. Nosotros confrontamos
ambas Versiones, en una serie de conferencias seguidas de "mesas
redondas", en sendos Congresos Evangélicos realizados en ambas márgenes
del Plata. En uno de ellos, en Montevideo, Uruguay, participó activamente en el
debate el funcionario a cargo, por entonces, de la Agencia de Sociedades
Bíblicas allí. Pocos días después regresamos a Buenos Aires, Argentina; y
hallándonos circunstancialmente en una dependencia de la "YMCA", se
nos apersonó el propio representante general de Sociedades Bíblicas y nos
manifestó que la publicación de Biblias Versión Antigua no cesaría y que
atenderían nuestros pedidos en todo tiempo. Cabe la pregunta: —¿Fue ello el
resultado de nuestros Congresos y debates? La respuesta es: —Juntamente con
otras iniciativas a través de América, SI!
Pero
lo del todo importante, son las razones Bíblicas que fundamentan estas
protestaciones. Veámoslas seguidamente.
(1)
Dijo el Señor: "El que me ama, mi palabra guardará" (Juan
14:23).
Es
obvio que "guardará" tiene aquí, primariamente, el
sentido de "obedecer". Pero también es obvio que para poder
"obedecer" la Palabra, necesitamos primero conocerla y esto, a su
vez, hace imprescindible que podamos tenerla a nuestro alcance en alguna forma
concreta y consultable. Esa forma concreta es, para nosotros hoy, sólo una: Las
Santas Escrituras. Y esto —que es indiscutible— nos trae a considerar el hecho
final de que debemos también "guardar" las Escrituras, en el sentido
de "preservarlas" o "conservarlas" en su integridad y
pureza, sin alteraciones, pues cualquier alteración en sus registros altera
automática y proporcionalmente, la Palabra a obedecer. Resumiendo:
"mi palabra guardará", tiene, para nosotros, una imprescindible connotación
Hagiográfica o Escritural, es decir, una forzosa relación con las Santas
Escrituras, con un doble deber: (1) obedecerlas, (2) preservarlas.
Por
lo tanto, cuando llegamos a tener conciencia de que ciertas
"revisiones" han afectado la Palabra, debemos "protestar"
los hechos, dando un claro testimonio que redarguya el error y vindique la
verdad. Nos lo exige nuestro deber de "preservar" las Escrituras para
poder cumplir nuestro deber de "obedecer" la Palabra. Si amamos al
Señor, debemos hacerlo, pues: "el que me ama, mi palabra
guardará"!
(2)
"La caridad . . . no se huelga de la injusticia mas se huelga de
la verdad". (1a Co. 13:6).
Hermanos:
"Revisar" Versiones de las Escrituras de un modo tal que resulte
afectada la Palabra, ¿qué es, sino tratar con "injusticia" a los
Santos Escritos? La Caridad no podrá holgarse con tales "revisiones"
ni recibirlas con beneplácito o indiferencia. Por lo tanto, ante la acción
obstinada de quienes persisten en publicar Biblias objetables, deberá oírse la
voz de un testimonio por la Verdad Bíblica, de Cristianos movidos por la
Bíblica Caridad. Y ello, tantas veces como fuere necesario, pues está escrito, con implicaciones
inexcusables, "Has dado a los que te temen bandera que alcen por
la verdad" (Salmo 60: 4, comp. Is. 59: 19, Sal. 20:5), y no está escrito que esa bandera deba
ser arriada!
Luego:
cuantos hermanos han aceptado confiadamente las "nuevas" Biblias,
harían bien en reexaminar los hechos a la luz de estas verdades, a fin de tomar
la actitud correcta que demandan la Caridad correcta y el reverente temor de
Dios.
(3)
"La Caridad . . . todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera,
todo lo soporta". (1a Co. 13: 7).
Por
lo tanto, insistiremos en nuestra acción por la verdad, aún esperando contra
toda esperanza y a pesar de "líneas tendidas y no permeables" y de
"posiciones predeterminadas", sin desesperar de los resultados. Y aún
si supiéramos por anticipado que no habrá "resultados", igual
insistiremos, pues la bondad intrínseca y el verdadero éxito de un testimonio
genuino, no se miden con la vara de filosofías pragmáticas, sino con la única
vara de la fidelidad al Señor y a Su Palabra. Algo puede enseñarnos, al
respecto, la Escritura que dice: "Les hablarás pues mis
palabras, escuchen o dejen de escuchar" (Ez. 2: 7).
Al
siervo toca obedecer, dejando el resultado al Señor. ¡SI, INSISTIREMOS!
Finalmente,
la preparación de este informe en 1972 nos fue prácticamente impuesta por
ciertas circunstancias coincidentes y compulsivas acaecidas en este tiempo. Un
nuevo cambio hecho por Sociedades Bíblicas, esta vez en la página presentación
de la Versión Antigua y que no puede ser pasado por alto; la amplia circulación
de un folleto que intenta justificar cambios hechos y, de paso, embiste contra
hermanos que no los aceptaron; cartas recibidas de hermanos de distintos países
y lenguas; etc. todo ello nos constriñó a preparar un nuevo trabajo que
supliera una doble constatada necesidad actual: (1) tratar, con mayor amplitud
que anteriormente, las principales diferencias entre ambas Versiones y (2) dar
respuesta a ciertas afirmaciones hechas en favor de la Revisión de 1960. Con
ello, pues, el lector ha ganado nuevas materias de meditación.
Por
la Providencia de Dios, este trabajo fue preparado en los EEUU de América, lo
que nos permitió contar con cooperación y elementos de juicio especializados.
Tal circunstancia, obliga doblemente nuestra gratitud, primero al Señor y luego
a los hermanos que nos fueron de ayuda en la labor.
Especial
reconocimiento es hecho al Dr. George Linhart, de Havertown, Pennsylvania, por
su inapreciable y constante ayuda en el estudio de textos en las lenguas
originales, especialmente en las varias lecturas del Griego del Nuevo
Testamento.
Nuestro
agradecimiento al Dr. David Otiss Fuller de Grand Rapids, Michigan, por su
libro ‘Which Bible" ("¿Cuál Biblia?") y otros análisis críticos
de Versiones; y por sus inspiradoras cartas personales.
Al
Dr. Donald A. Waite, de Collingswood, New Jersey, por sus estudios sobre
manuscritos antiguos y versiones modernas, y por su estímulo personal.
Al
erudito hermano Terence H. Brown, de la Sociedad Bíblica Trinitaria, de
Londres, Inglaterra, por sus estudios sobre textos discutidos y otros trabajos
técnicos.
Y
al distinguido hermano W. G. Broadbent, de Nueva Zelandia, uno de cuyos
medulosos estudios, "The Doctrine of Origins" ("La Doctrina de
los Orígenes"), es muy revelador en cuanto a lo ocurrido con manuscritos,
textos y versiones.
A
todos, muchas, muchas gracias, amados hermanos.
Tres
son los propósitos de este informe: el primario, el vital y el devocional.
(1)
El primario, propio de todo informe, o sea, informar. Y esto lo hemos hecho,
atendiendo las necesidades determinadas en nuestro primer subtítulo
"Razones de una insistencia".
(2)
Pero toda información, que objetivamente se nutre de datos, necesita, si es que
aspira ser mensaje, de un elemento subjetivo, simple, digno y veraz, que dé
vocación, significado y trascendencia a la tarea primaria de informar. Ese
elemento, alma y espíritu del informe, debe ser su motivo y su intención
íntimos, principio y fin de la tarea: el por qué, cómo y para qué se escribe.
¿Y
cuál es, según ello, el propósito vital de este trabajo?
Es
el de reafirmar el principio espiritual normativo de la conducta de individuos
e instituciones Cristianos, es a saber:
¡LEALTAD
AL SEÑOR Y A SU SANTA PALABRA!
Y
enfatizar esa Lealtad, en su aplicación a la preciosa tarea de producir y
distribuir Versiones de las Sagradas Escrituras, lo cual nos da la Causa
auténtica de toda Sociedad Bíblica auténticamente Bíblica, es a saber, su
compromiso total a un solo cometido: ¡VERSIONES FIELES, INCORRUPTAS, DE LA PURA
Y SOLA PALABRA DE DIOS, SIN NOTAS NI COMENTARIOS!
Tal
es nuestro propósito vital. Es por, en y para lealtad al Señor, a su Palabra y
a la Causa de Sociedades Bíblicas, que estas páginas fueron escritas. Que no se
confundan sus términos (por mentes insensatas) con la hediondez del prurito o
erosión carnal propios del espíritu de contención.
(3)
El propósito devocional, completa a los dos anteriores, en cuanto los acompaña
con una oración:
Que
el Señor quiera usar estas páginas para reavivar en Sus siervos, el amor a Su
Palabra. Que en estos postreros días de tanta apostasía, podamos estar firmes
"Por la Palabra de Dios y el Testimonio de Jesucristo" (Ap. 1:
9). Y que mientras llega el anhelado día de Su venida por nosotros (Jn. 14:1-3;
1 Ts. 4: 16-18), sigamos Sus pisadas andando fielmente la senda marcada, no
olvidando jamás que: "Lámpara es a mis pies tu Palabra y
lumbrera a mi camino" (Sal. 119: 105)
Una
Palabra fiel y un pueblo fiel, para un testimonio fiel. Hasta que El venga.
¡Así sea; Amén!
Fraternalmente
(He. 13: 1) ,
Armando Di Pardo
Setiembre de 1972, West
Collingswood, N. Jersey, USA.
EL SELLO DE AUTENTICIDAD Y AUTORIDAD LITERARIA
"....
Preguntad por las sendas antiguas..." (Jer.6:16)
La
exégesis tiene mucho que decir respecto del texto con que intitulamos esta
primera parte de nuestro informe. Pero permítasenos tomar solamente su obvia
exhortación y usarla como una analogía para así inmediatamente inquirir:
¿Dónde está el Sello Antiguo, de Autenticidad y Autoridad Literarias, que
tenía la Versión Castellana "Reina–Valera" de las Santas Escrituras,
en la frase de su título? ¡Pues ha desaparecido!
Por
espacio de 51 años (1909-1960), la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera,
luego Sociedades Bíblicas Unidas, nos dieron una Versión de las Santas
Escrituras en idioma Castellano, que, por su alta fidelidad a los Textos de los
idiomas originales Hebreo y Griego y por la hermosura de su estilo, llegó a ser
muy amada por sus amigos y hasta respetada por sus enemigos: la Versión de 1909, conocida popularmente
hoy día como la Versión Antigua.
En
su primera página impresa, la frase de su titulo, decía:
"LA SANTA BIBLIA.
ANTIGUO Y NUEVO TESTAMENTO.
ANTIGUA VERSIÓN DE CASIODORO DE
REINA (1569) REVISADA POR CIPRIANO DE VALERA (1602), Y COTEJADA POSTERIORMENTE
CON DIVERSAS TRADUCCIONES Y CON LOS TEXTOS HEBREO Y GRIEGO"
Huelga
decir que esa frase no traduce a los Textos originales de las Escrituras, pero
sus últimas palabras se relacionan con ellos y por lo que implica la entera
última sentencia, resultan de suprema importancia para nuestra Versión
Castellana: "Y COTEJADA POSTERIORMENTE CON DIVERSAS TRADUCCIONES Y CON LOS
TEXTOS HEBREO Y GRIEGO". Técnicamente, esas palabras pueden definirse como
la "correlación documental" de la Versión, al dar cuenta de su debido
cotejo, no sólo con "otras traducciones", sino "con los textos
Hebreo y Griego". Por lo tanto, vienen a resultar el Sello de Autenticidad
y Autoridad Literarias de nuestras Biblias en idioma Español.
De
hecho: toda Versión Bíblica, o sea, toda traducción de las Escrituras, debe
llevar alguna constancia que informe de qué idiomas fue traducida. Debe
saberse, ni bien se abre una Biblia, si se trata de una traducción de los
originales Hebreo y Griego o; caso contrario, si se trata de una traducción de
otras traducciones y en tal caso de cuáles (Septuaginta, Siríaca, Vulgata
Latina, etc.). Y toda Sociedad Bíblica que se precie, tomará especial cuidado
de que ese sello no falte, pues además de autenticar la Versión, va en ello
colateralmente involucrada y comprometida, su propia honestidad y
responsabilidad. Es una cuestión de ética profesional y Cristiana.
Pero:
en las últimas entregas de la Versión Antigua, las Sociedades Bíblicas han
quitado aquel sello. Y en su lugar han puesto: "OTRAS REVISIONES: 1862;
1909".
Además,
en la nueva Biblia Revisión de 1960, ese sello tampoco aparece, leyéndose en
cambio: "OTRAS REVISIONES: 1862, 1909, 1960". De modo que actualmente
tenemos: (1) Biblias Versión Antigua, unas con la nota y otras sin ella; (2)
Biblias Revisión de 1960 sin la nota.
Cabe
preguntar: ¿Por qué fueron quitadas esas palabras de la Versión Antigua? La
pregunta es pertinente, pues los procedimientos demuestran una dualidad de
criterio, que lo sagrado de la materia exige clarificar.
Naturalmente,
no se nos escapa que quizá lo único que se tuvo en mente fue el deseo de
simplificar y codificar la frase uniformando su enunciado. Pero tampoco se nos
escapa que el criterio prevalente fue absolutamente negativo. Lo positivo
hubiera sido perfeccionar la frase y no cercenarla. Muy ligeros cambios
bastaban para lograrlo. Por ejemplo: OTRAS REVISIONES: 1862, 1909. COTEJADA CON
DIVERSAS TRADUCCIONES Y CON LOS TEXTOS ORIGINALES HEBREO Y GRIEGO. Tal o
parecida redacción hubiera dejado la frase esencialmente intacta y aún
enriquecida. Pero no se obró así. Se optó por la supresión de una constancia
vital y, como resultado; quien abra las actuales Biblias, no sabrá si nuestra
Versión Castellana tiene o no alguna relación con los Textos originales Hebreo
y Griego, o si es una simple traducción de otras traducciones. Se ha dejado,
pues, a la Versión Castellana, sin dar razón de sus fuentes.
Tan
negativa digitación, —duele decirlo— transparenta serias lagunas en la
reflexión de los responsables: (a) inadecuada captación de los valores, pues
han sacrificado algo que es esencial para enfatizar únicamente a lo segundo en
el orden; (b) falta de percepción o falta de estimación adecuada, de las
consecuencias reales y probables de tal acción; (c) lamentable falta de
consideración para con la misma Palabra de Dios que nos ha sido dada en la
Versión Antigua y para con las Iglesias que perseveran en su exclusivo uso,
como también para con los funcionarios y Sociedades Bíblicas del pasado que
redactaron e imprimieron la primitiva frase, y finalmente, para con la Revisión
de 1960 y las Iglesias que confiadamente la han adoptado.
(1)
La Palabra de Dios y, colateralmente, sus antiguos publicadores, quedan
expuestos innecesariamente a injusta crítica y aún traídos bajo sospecha de
inexactitud o error. En efecto: tómese la Versión Antigua y considérese lo que
implica que antes tenía un sello de autenticidad documental y ahora le ha sido
quitado. ¿Por qué? Cualquier suposición es posible. Tómese la Revisión de 1960
que carece de constancias. ¿Por qué? Cualquier suposición es posible. ¿Y qué de
los funcionarios y Sociedades Bíblicas del pasado? ¿Se equivocaron cuando
redactaron la nota o fueron muy atrevidos en mencionar "originales"?
En último análisis, sombras de descrédito y aún de duda pueden ser echadas
sobre un pasado, que, sin merecerlo, puede ser traído a reexamen y sujeto a
veredicto de competencia.
(2)
Neófitos quedan imprudentemente expuestos a todo viento de tendencias
antagónicas. Quien abría una Biblia Versión Antigua que tenía la nota, quedaba
inmediatamente informado de que los idiomas originales eran el Hebreo y el
Griego y que esa Biblia había sido cotejada con ellos, de modo que tenía en sus
manos documentos fidedignos y confiables. Pero ahora, sin constancias, un
neófito queda en su ignorancia o en incertidumbre o expuesto a serias dudas
ante los avances de cualquier advenedizo interesado en desprestigiar a los
Cristianos Evangélicos "y sus Biblias Protestantes"... como algunos
las llaman.
(3)
La difusión de la Palabra de Dios y la obra de colportaje y evangelismo pueden
resultar afectadas, pues Biblias sin constancias de fuentes de origen, quedan
en desventaja ante otras que las tienen. Y tal hecho se torna candente, si se
considera que Biblias Católicorromanas, en este punto, sacarán ventaja en una
confrontación.
(4)
Biblias Evangélicas disminuidas o en desventaja ante las discutibles Versiones
Católicorromanas. ("discutibles" sí, por la inclusión en ellas de los
libros apócrifos y por el tenor de muchas de sus notas, además de otras
consideraciones de carácter textual)
Por
vía de ejemplo: En la Versión Castellana editada por el Centro de Ediciones
Paulinas en el año 1964 y distribuida a través del mundo (tanto así que nuestro
ejemplar lo adquirimos en una tienda de la Ciudad de Filadelfia USA) se han
impreso nada menos que siete veces,
constancias de validez documental: dos veces en la sobrecubierta, una en su
interior, luego en páginas II, III y X, repitiéndose vez tras vez: "LA
SANTA BIBLIA. TRADUCCIÓN DE LOS TEXTOS ORIGINALES AL ESPAÑOL", y
finalmente, en páginas XX, XXI y XXIII, sendas notas sobre los Textos Hebreo y
Griego. Ciertamente, no hace falta ser perito en el arte de la comunicación,
para apercibirse de que tan excesivo énfasis contiene una sobre carga de
intención psicológica que bien puede tener dos alcances: por un lado, un obvio
efecto propagandístico que puede pasar por candorosa estima y alta
recomendación de la Versión ante cualquier lector, y por otro lado, filosidad
de espada apuntando sutilmente "a priori" con intención apologética.
Ellos
no se descuidan y saben cubrir todas las eventualidades, aún a riesgo de
notoria oficiosidad. Y aunque nada de ello nos arredre, el hecho permanece: la
Biblia Católico–Romana editada por el Centro de Ediciones Paulinas, tiene siete
protestas de autenticidad documental, contra ninguna en las Biblias Evangélicas
editadas por Sociedades Bíblicas Unidas.
Y
debe ser dicho: la Palabra de Dios no debió jamás ser colocada en esa posición,
ni tampoco lo merecían las Iglesias Evangélicas de habla Hispana.
Razones
de Bíblica autenticidad; razones de Evangelismo y Apologética; razones de
dignidad y concepto Evangélicos; razones de ética profesional y Cristiana,
demandan que las Sociedades Bíblicas Unidas vuelvan a imprimir la frase con el
sello de autenticidad documental, en la Versión Antigua de las Sagradas Escrituras
en idioma Castellano.
Caso
contrario, quedará latente la interrogante desprendida de nuestra analogía del
principio: ¿Qué habéis hecho de las "sendas antiguas"?
Títulos incorporados indebidamente al Texto Bíblico
"No
añadiréis a la palabra que yo os mando, ni disminuiréis de ella" (Dt.4:2)
Previamente,
recordemos aquí que la Biblia Versión Antigua tiene ciertas sentencias sucintas
—no títulos— impresas fuera del Texto Bíblico (en la
parte superior de las páginas) y en tipo de letra diferente (letra bastardilla). Tal
proceder es correcto, pues no permite que esas inscripciones sean confundidas
con el Texto. Además, sus enunciados son sanos, lo cual las hace útiles
Pero:
en la nueva Biblia Revisión de 1960, esas sentencias marginales han sido
eliminadas y en su reemplazo, han sido incorporados al Texto Bíblico, ciertos
"TÍTULOS" sobre "SECCIONES" de la Palabra de Dios; impresos
con idéntico tipo de letra que el usado para el Texto pero en realce (en letra negrita), y sin advertencia alguna
para el lector.
"SECCIONES" y "TÍTULOS". Así los definieron las mismas
Sociedades Bíblicas, en un folleto titulado: "La Biblia Reina–Valera. La
Revisión de 1960", pag. 6: "una característica interesante de esta
nueva edición de la Biblia, es la
división del texto en secciones y el uso de
títulos con el fin de identificar el contenido de cada sección". Y agrega: "Así podrá el
lector reconocer de inmediato no solamente los pasajes
familiares, sino también el sitio
donde comienza y termina cada sección" (El subrayado es nuestro).
Tales
hechos, no deben ser aceptados sino protestados, por las siguientes razones:
(1)
Porque esos "títulos" no se hallan en los Textos originales
Inspirados por Dios. Por lo tanto, el hecho de incorporarlos al Texto,
constituye flagrante transgresión al mandato de "no añadir" a la
Palabra.
(2)
Porque esa "presencia" dentro del "corpus" Bíblico, los
hace aparecer como si fueran tan Inspirados por el Espíritu Santo como el Texto
mismo y, consecuentemente, como teniendo igual autoridad, inerrabilidad y
derechos hermenéuticos (derechos de ser interpretados y de ser partes en la
interpretación del entero pasaje). Todo ello es arbitrario; y es peligroso,
pues si el enunciado de esos "títulos" no fuera correcto, inducirán a
error y afectarán al significado del Texto.
(3)
Porque, en sana doctrina, no puede esperarse la asistencia del Espíritu Santo a
una tarea que el mismo Espíritu no puede aprobar. Luego: tales
"títulos", no tienen autoridad divina sino humana; son el mero fruto
de estimaciones subjetivas de comentadores falibles, huérfanos del auxilio de
Dios; y podrán ser quizá buenos o quizá malos, con probabilidad mayor de lo
segundo, sea por errar en la captación del contenido de la "sección"
intitulada, u omitir, reducir, o exceder, sus hechos y significados. Y en vez
de ayudas, pueden resultar piedras de tropiezo.
(4)
Finalmente, porque esos "títulos" (sospechables) han sustituido a
excelentes sentencias marginales de la Versión Antigua, cambio también
indebido. Es importante notar aquí, que, el caso con la Revisión de 1960 tiene
dos lados: (a) no se trata solamente de lo que ha sido incorporado a la misma,
sino (b) se trata también de lo que ha sido quitado de la Versión Antigua para
ello, sin que mediara ninguna razón de fundamento: ni textual, ni exegética, ni
idiomática!
Se
impone, pues, examinar tales "títulos", lo cual haremos seguidamente,
considerando algunos ejemplos de menor o de mayor cuantía, pero todos
igualmente sintomáticos.
La
Revisión de 1960 lee: "Moisés
suspende la ofrenda del pueblo".
"Suspende",
de "suspender", significa en el uso común "hacer cesar momentáneamente".
Pero, según el texto, Moisés mandó que las ofrendas cesaran no momentánea sino definitivamente, porque
el pueblo traía más de lo que era menester para la construcción del
Tabernáculo, ¡y sobraba! (v. 5 a 7).
Es
obvio que el "título" ha restringido los hechos esenciales del
pasaje, pues reduce el alcance de la orden de Moisés y nada dice de la bendita
causa que la fundamentó y que puede ser de gran estímulo para nosotros hoy.
Una
idea cabal del "contenido de la sección", la hubiera dado, por
ejemplo: "Moisés manda cesar las ofrendas del pueblo, pues
sobreabundaban", o cosa así.
La
Revisión de 1960 lee: "Nehemías
designa dirigentes".
"Dirigentes"
("los que dirigen", en sentido de "gobernar"), es una
palabra que debe usarse con cuidado, pues suele aplicársela indebida y
abusivamente.
En
la sección intitulada, sólo en el v. 2 se nombra a Hanani, hermano de Nehemías
y a "Hananías príncipe del palacio de Jerusalem", como principales.
Pero en los v. 1 y 3, se nombran porteros, cantores, Levitas, guardas (o
centinelas y guardianes), y tal variedad de oficios y funciones ciertamente no
está representada en el "título", que resulta así incompleto. Todo el
énfasis ha sido cargado en el v. 2 y nada dice de las otras partes de la
sección. Además de eso, está la potencial dificultad de que un lector poco avisado
no se aperciba de ello y piense que "dirigentes" vale para todos los
oficios mencionados en la entera sección y hasta pueda ser inducido a ciertas
comparaciones o analogías incorrectas.
"Nehemías
asigna distintos cargos y tareas" nos parece hubiera sido mejor.
iii. Algunos
"títulos" en el libro de Job.
(a)
Sobre Job cp. 7: "Job argumenta
contra Dios".
(b)
Sobre Job cps. 16 y 17: "Job se
queja contra Dios".
Aquí
tratamos con asuntos más graves.
No
es constructivo enfatizar solamente lo antagónico: "Job... contra Dios", dejando de lado
otros aspectos del texto que —por lo menos— insinuarían que una actitud tal
está básicamente equivocada y darían, además alguna idea de la turbación
espiritual de Job y los encontrados sentimientos que agitaban en tales momentos
su atribulado corazón, como Job mismo lo declara: "Hablaré en la
angustia de mi espíritu y me quejaré con la amargura
de mi alma" (7:11); "mi rostro está enlodado
con lloro..." (16:16).
Cuán
distinta 1a Versión Antigua, que, señalizando el cp. 7, dice: "Job...
justifica sus lamentos"; y sobre cps. l6 y 17: "Quéjase Job de sus
amigos y se lamenta de su mal"; expresiones más respetuosas del texto y
además, reverentes.
(c)
Sobre Job cp. 24, la Revisión de 1960 ha puesto: "Job se queja de que Dios es indiferente ante la maldad".
Caso
gravísimo. Tal "título" no es correcto, ni sensato, ni edificante en
modo alguno (comparar Ef. 4: 29). No es correcto, porque no capta ni refleja el
real sentido del texto. No es sensato, porque por su modo de expresión facilita
motivos a la más extrema línea de pensamiento izquierdista–revolucionario de
quienes gritan "la religión es el opio de los pueblos" y que
"hay que hacerse justicia por las propias manos", etc. No es edificante,
porque a simple vista produce la impresión de que Job tuviera razón y que Dios
ha sido hallado en posición reprochable, como si fuera una Deidad apática o
insensible ("indiferente" tienen también esas acepciones), lo cual
cae en el error del "Deísmo", falsa doctrina que dice que Dios se
desentiende de sus criaturas, entre otros errores. ¡Sáquese, por favor tal "título"!
Lo
grave del caso en foco, nos obliga a tratar con algún detalle la pregunta
latente: ¿Cuál es el real sentido del capítulo 24 del libro de Job?
Para
ayudarnos a captarlo, recapitulemos 1os hechos hasta ese momento: Job pasaba
por aflicciones terribles cuyas reales causas desconocía (cps. 1 y 2) y tres de
sus amigos le acusaban de estar bajo "castigo" de Dios (Eliphaz: cps.
4:8,9; 5:17, 18 y 15:l-6; Bildad: cp. 8:4-7, 20; Sophar: cp. 11:1-6, 20), pero
Job rechazaba tales acusaciones porque tenía conciencia de no haber faltado
(cps. 6:24-30; 9: 17; 10: 7; 16:17 y 23:10-12) y, aunque confesaba: "la
mano de Dios me ha tocado" (cp. 19:21), él sentía en su corazón que no era como
"castigo", sino por lo que él llamó "determinaciones" de
Dios:
"Empero si él determina una cosa, ¿quién lo apartará? El pues
acabará lo que ha determinado de mí; y muchas cosas como éstas hay en él. Por
lo cual yo me espanto en su presencia; consideraré y temerélo". (cp.
23:13-15) .
Tal
el sentir de Job: Dios había determinado que él padeciera sin que supiese por
qué; "y muchas cosas como estas hay en él", dice
Job; y entre esas "muchas cosas" estaban también las
determinaciones de Dios para con los impíos, a quienes Job describe en el cp.
24 (ver también el cp. 21), como obrando sin impedimento y sin ser castigados
en el curso de su vida en este mundo (cp. 24:1-12). Hasta allí los hechos.
Inquiramos
ahora: ¿Trajo Job a colación a los malvados como ocasión para quejarse de que
"Dios es indiferente ante la maldad"?
¡En ninguna manera! La razón
es: Job, ante las acusaciones de sus amigos y la negación de éstos a aceptar su
integridad e inocencia, trae entonces a colación los hechos de los impíos y su
impunidad presente, como un argumento comparativo para probar, por contraste,
su sufriente rectitud. Es como si les dijera: —Vosotros me acusáis de estar
bajo "castigo" de Dios como si yo fuera un malvado: ahora yo os muestro
que los malvados no son "castigados" en esta vida. Aceptad entonces
que yo no soy malvado ni estoy bajo castigo, sino que padezco a pesar de ser
justo, porque Dios así lo ha "determinado" acerca de mí.
Esa
es la razón. Job estaba tratando por todos los medios lógicos, razonables, que
sus amigos comprendieran su situación y le ayudaran a inquirir la más Alta Luz
sobre su terrible experiencia. Job no se estaba "quejando" contra
Dios; estaba refutando a sus amigos, a quienes tenía por doblemente equivocados:
(1) equivocados respecto de Job, al dar por sentado que si sufría era porque
había cometido faltas; (2) equivocados respecto de Dios, al atribuirle estar
castigando a Job por tales supuestas faltas; todo lo cual no era así. Tan
seguro estaba Job de ello, que los desafía diciéndoles: "Y si
no, ¿quién me desmentirá ahora, o reducirá a nada mis palabras?" (cp.
24:25). Sus amigos no lo pudieron.
En
segundo lugar: ¿Interpretó Job que la impunidad presente con que obran los
impíos, significaba que "Dios es indiferente ante la maldad" ?
La
respuesta es un enfático: ¡NO! Damos cuatro razones para ello:
Primera razón: Job 23: 15. Allí leemos que Job, después de hablar de las
"determinaciones" de Dios, dice: "Por lo cual yo me
espanto en su presencia, consideraré y temerélo". Y nos
parece que una "Deidad" que fuese "indiferente ante la
maldad", no podría inspirar espanto ni temor en un hombre de la integridad
moral de Job, sino repudio, pues carecería de toda sensibilidad ética, justicia
y santidad, y además, de amor y compasión para con sus propios siervos justos y
sufrientes. No a Dios, sino al Diablo, corresponde tal descripción.
Es necedad y aún blasfemia, pensar siquiera que "Dios es indiferente ante
la maldad"; y Job no era necio, sino sabio; Job no era blasfemo, sino un
siervo reverente y temeroso del verdadero Dios.
¿Por
qué entonces, se espantaba y temíale? Porque le anonadaba pensar en la
majestad, soberanía y decretos inescrutables de Dios, que estaban fuera de su
alcance, aunque Job mismo no estaba fuera del alcance de sus manifestaciones y
efectos.
Segunda razón: Job 24:12. Al final de ese versículo, la Versión Antigua
lee: "Más Dios no puso estorbo", es decir, Dios no estorbó
la acción de los impíos. La Revisión de 1960, en cambio, siguiendo otras
Versiones, dice: "Pero Dios no atiende su oración", lo cual
refiere al clamor de los que sufrían a manos de los impíos. Creemos más
correcta la traducción de la Versión Antigua que sigue al Texto Hebreo
reconocido y, además se refiere directamente a la acción de los malvados, que
es precisamente el punto en foco.
De
esa parte del versículo, parecería ser que la Revisión de 1960 dedujo su
"título": "Job se queja de que Dios es indiferente ante la
maldad". Si de allí lo dedujo se excedió en mucho, pues Job no está allí
hablando ni irónica, ni interpretativamente, ni quejosamente de los hechos,
sino "descriptivamente", es decir, relatándolos tal como él los veía
acaecer aquí sobre la tierra.
Pero,
se argüirá, si Job dijo: "Más Dios no puso estorbo": ¿no
significa eso "indiferencia" por parte de Dios?
—¡En ninguna manera! Descártese
totalmente, por blasfema, tal insinuación. Lo máximo que una exégesis sana y
reverente puede extraer de las palabras de Job es que Dios, al no poner
estorbo, "permitió" obrar a los malvados. Y jamás se olvide que
"permitir", en acepción divina, podrá significar
"paciencia", "tolerancia" y "longanimidad", ¡pero
jamás "indiferencia de Dios ante la maldad"!
—Pero,
se insistirá: ¿no pudo ser, acaso, que Job interpretó entonces esa
"permisión" de Dios como si fuera "indiferencia" y por eso
se quejó, sin apercibirse que al hacerlo incurría implícitamente en blasfemia?
—En
el terreno de las conjeturas, cualquier cosa se puede decir. Lo mejor sería
preguntárselo directamente a Job... cosa que por el momento no podemos hacer.
Pero, si hemos de atenernos a lo que está escrito, tanto en el cp. 24 como en
el entero libro de Job, entonces la respuesta a tal pregunta es un enfático
¡NO! Para poder concebir y para poder aceptar el "título" de la Revisión
de 1960, se debe cometer la siguiente serie de errores: "interpretar"
el texto de modo tal que se deduzca que Job "interpretó"
subjetivamente los hechos como evidenciando "indiferencia" de Dios
ante la maldad y, después de eso "interpretar" que Job en reacción, se
"quejó" de ello contra Dios; o sea: se debe especular subjetivamente,
dentro del texto y dentro de Job... y errar en ambos campos, al punto de hacer
que Job, en forma inconsciente, formule una queja que equivale a una blasfemia.
(!) Tal aberración se hará más y más evidente, al tratar los dos puntos
siguientes.
Tercera razón: Job 24:20, 23 y 24. En el v. 20, leemos: "...
como un árbol serán los impíos quebrantados". Lógicamente, eso refiere a
su muerte. Pero aún así, obsérvese la fuerza de la expresión, como un índice de
juicio. Luego, refiriéndose ya explícitamente al tiempo presente, Job dice: "Sus
ojos (los ojos de Dios) están sobre los caminos de ellos (de los
malvados)" (v. 23) y ciertamente, si Dios les controla todos sus pasos,
luego no es "indiferente" ante su maldad. Finalmente leemos: "Fueron
ensalzados por un poco (en la brevedad del tiempo presente) más
desaparecen (por la muerte); serán encerrados y cortados (juicio y
castigo hay allí) como cabezas de espigas" (se les
permitió llegar a la madurez para que dieran todo el fruto de su maldad,
dándoles Dios, en su longanimidad, tiempo o "largas" (comp.
Is.48:9) para que colmen la medida de sus abominaciones, queden sin excusa
delante de El y acumulen ira para el día de la ira), (v. 24) . Hemos ido dando
algunas ideas del significado del texto para que se haga claro que Job no habla
allí de "indiferencia" de Dios, en lo más mínimo.
Obsérvese
que ninguno de esos versículos del cp. 24, ha sido tenido en cuenta por la
Revisión de 1960, que olvidó así una de las más elementales reglas de la
Hermenéutica: la ley del contexto. Y obsérvese de paso, que estos versículos
favorecen totalmente la lectura de la Versión Antigua en el v. 12: "Dios
no puso estorbo", o sea, Dios les permitió obrar pero bajo control y
hasta que les llega el día, lo cual prueba, además, que Dios atendió la oración
de los sufrientes y la contestó en Su tiempo.
Cuarta y última razón: Job 42: 7,8. Aquí tenemos la prueba definitiva: el
testimonio nada menos que de Dios mismo, según lo hallamos al final del libro,
cuando el Señor dice a Eliphaz:
"Mi ira se encendió contra ti y tus dos compañeros: porque no habéis
hablado por mí lo recto, como mi siervo Job" (v. 7);
" ...por cuanto no habéis hablado por mí con rectitud, como mi
siervo Job". (v. 8).
Obsérvese:
Si la ira de Dios se encendió sobre los tres amigos de Job, porque no habían
hablado por Dios lo recto, ciertamente Dios NO ES indiferente ante la maldad.
Pero el punto ahora es: Si Job se hubiera quejado de que lo fuera (como lo
afirma la Revisión de 1960), ese era el momento en que Dios lo hubiera
reprendido como lo hizo con sus tres amigos. Pero Job no fue reprendido, sino
aprobado por lo que habló respecto de Dios; luego: ¡Job jamás incurrió en el pecado de quejarse de que "Dios es indiferente
ante la maldad"!
Por
lo tanto, la Revisión de 1960: (1) no habla lo recto al hablar de Job, pues con
lo que pone en su boca, tergiversa el sentido de sus palabras; (2) tampoco
habla lo recto de Dios, pues por vía indirecta, hace que Job lo haga aparecer
como siendo "indiferente ante la maldad" lo cual es blasfemia; (3)
contradice el testimonio que el mismo Dios dio de los dichos de Job a su
respecto; (4) ha introducido con su erróneo "título", un error dentro
del corpus Bíblico y con ello induce a errar al lector; (5) debe pues ser
corregida perentoriamente. La mera presencia de "títulos" como el que
nos ocupa, basta para justificar que se la devuelva a sus editores
responsables.
¡Cuán
distinta la Versión Antigua!, la cual, siguiendo de cerca la ilación de los
hechos, señaliza la entera sección (cps. 23 y 24) diciendo al margen: "Job
afirma su inocencia y describe a los malvados"; sentencia simple, pero
reverente y objetiva, que no incursiona en especulaciones subjetivas erróneas
como lo hizo la Revisión de 1960. Es preferible.
Ya
podríamos concluir nuestro análisis, pero, para beneficio del lector, hagámonos
una última pregunta: —¿Cuál era el
real problema en la conciencia de Job?
El
mismo Job lo declara, cuando dice a Dios: "Hazme entender por
qué pleiteas conmigo" (cp. 10:2 comp. 13: 23). Ese es el meollo del
asunto. Si Dios había "determinado" que Job padeciera: ¿Por qué lo
había determinado? ¿Cuáles eran las causas y los propósitos de tal
determinación? Job, al llegar en su experiencia a la etapa del cp. 24, todavía
no tenía luz sobre el asunto. Recién cuando el mismo Dios se mostró a Job, éste
comprendió; y quebrantado delante del Señor (cp. 42: 1-6), se arrepintió de su
secreto orgullo de justicia propia. Luego de ello, todo le fue tornado en
doblada bendición (cp. 42: 10-17); y, como leemos en la epístola de Santiago: "He
aquí, tenemos por bienaventurados a los que sufren. Habéis oído la paciencia de
Job y habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordiosa y
piadoso". (Stgo. 5: 11).
d)
Sobre Job cp. 25, la Revisión de 1960 ha puesto: "Bildad niega que el hombre pueda ser justificado delante de
Dios".
Otro
"título" que debe ser corregido, pues parece indicar que
"nadie" puede justificar al hombre, lo cual no es cierto, pues Dios
sí puede justificarlo.
Naturalmente,
Bildad no está allí discutiendo la Gracia de Dios, de la cual nada sabía, pero
tampoco dice lo que la Revisión de 1960 le hace decir. Lo único que en forma implícita
afirma, es que el hombre no puede justificarse a sí mismo delante
de Dios, lo cual es muy distinto del "título" y, además, es cierto.
Por
lo tanto, corríjase ese "título" y clarifíquese bien el concepto del
texto, pues tal como está se presta a serios equívocos y además, para cualquier
experto, puede que tenga cierto husmillo a "modernismo"... ¡Cuidado
con ello!
La
Revisión de 1960 ha puesto:
"Plegaria pidiendo la destrucción de los malvados".
Otro
título interpretativo y recargado. La Versión Antigua dice: "Audacia e
impiedad de los malvados", declaración más de acuerdo con el espíritu del
texto y que no había razón alguna para cambiar.
v. Eliminación del término
"MESÍAS", en títulos sobre clásicos pasajes Mesiánicos.
(a)
Sobre Salmo 22, la Versión Antigua dice: "Descripción profética de los
sufrimientos del Mesías".
Pero
a los señores "revisores", les molestó eso del "Mesías" y
la implícita referencia a la Cruz del Señor Jesucristo; desecharon tan santas
palabras, correctas exegética, doctrinaria e idiomáticamente considerada y, sin
ninguna razón válida, las reemplazaron con expresiones de mero lirismo en un
"título" inexpresivo, minúsculo, que dice: "Un grito de angustia y un canto de esperanza".
¿Por
qué tal cambio? ¿Para no "ofender" la incredulidad culpable de Judíos
rebeldes y "modernistas" apóstatas, enemigos a una de la Cruz de
Cristo?
(b)
Sobre Salmo 69, la Versión Antigua dice: "Abatimiento del Mesías".
Pero
otra vez los señores "revisores" desecharon la referencia Mesiánica,
para reemplazarla con su lírico sonsonete: "Un grito de angustia" ¿Por qué?
(c)
Sobre Isaías cp. 53, la Versión Antigua dice: "Sufrimientos del
Mesías". Pero los señores "revisores" sacaron deliberadamente la
palabra "MESÍAS" y en su lugar pusieron "Siervo de Jehová".
Por
supuesto, no se nos escapa que la "sección" intitulada por la
"Revisión de l960" (que cubre Isaías 52:13 a 53:12), tiene dos veces
la expresión "Siervo de Jehová" (52:13 y 53:11) y que por
lo tanto no es incorrecto, desde ese punto de vista, el "título"
nuevo.
Pero
tenemos una seria objeción: ¿Por qué los señores "revisores"
desecharon la palabra "MESÍAS" que tenía la Versión Antigua? ¿Acaso
el "Siervo de Jehová" NO ES el Mesías, o sea,
el Señor Jesucristo?
La
Versión Antigua, al decir: "Sufrimientos del Mesías", concuerda con
lo que dijo Felipe el Evangelista cuando explicó esa misma "sección"
de Isaías al eunuco de Candace (Hechos 8:34, 35) . La cuestión es entonces:
¿Por qué la Revisión de 1960 quitó lo que decía la Versión Antigua, que estaba
bien expresado exegética y doctrinalmente y bien expresado en correcto y
corriente idioma castellano? ¿Lo hizo para no comprometer opinión ni ofender a
la incredulidad de judíos rebeldes y "modernistas" apóstatas que
dicen que "Siervo de Jehová" no tiene nada que ver con
la persona del Mesías, sino —así dicen— con el "sufriente pueblo de
Israel?"
Los
señores "revisores" al hacer tal cambio, ya se comprometieron: pero
no a favor de Felipe el Evangelista, ni Spurgeon, ni millones de fieles siervos
de Dios, sino inclinándose sospechosa y culpablemente aún, a la apostasía
ambiente.
(d)
Sobre Miqueas cp. 5, la Versión Antigua dice: "Venida y reino del
Mesías". Pero los señores "revisores" que evidentemente padecían
de "Mesíasfobia", barrieron otra vez con toda alusión Mesiánica,
poniendo en su lugar el siguiente "titulo": "EI reinado del libertador desde Belén".
Excusamos
decir que el "título" de la Revisión de 1960 contiene un craso error,
pues en ninguna parte de Miqueas cp. 5, ni en ninguna parte de la entera
Biblia, se dice que ningún "libertador" reinará desde Belén. La
Biblia dice que el lugar desde donde reinará el Señor será JERUSALEM. (Is.
24:23).
Es
evidente: los señores "revisores" se muestran como inclinados a las
tendencias más sospechosas Judeo–Modernistas. La eliminación reiterada del
título "MESÍAS" sobre los pasajes Mesiánicos clásicos, lo prueba en
alto grado.
La
Revisión de 1960 ha puesto: "La
insensatez de confiar en las riquezas".
La
Versión Antigua dice: "Vanidad de las riquezas, sabiduría y honra
humanas", sentencia ésta obviamente más completa e incisiva. ¿Por qué se
dejó a un lado?
La
Revisión de 1960 parcializó el sentido omitiendo sospechosamente asuntos muy
importantes que, además de las cosas materiales, muestran la vanidad del
orgullo espiritual del hombre. Muy sugestiva la omisión en la Revisión de 1960,
sin causa que la justifique.
La
Revisión de 1960 ha puesto: "La
generosidad de Dios en la naturaleza".
Título
que enfatiza sólo un aspecto del Salmo y omite lo mejor, lo espiritual que está
contenido en los versículos 1 a 5, que transcribimos como prueba de nuestra
afirmación:
"Tuya es la alabanza en Sion, oh Dios, y a ti se pagarán los votos.
Tú oyes la oración; a ti vendrá toda carne. Las iniquidades prevalecen contra
mí; mas nuestras rebeliones tú las perdonarás. Bienaventurado el que tú
escogieres y atrajeres a ti, para que habite en tus atrios; Seremos saciados
del bien de tu casa, de tu santo templo. Con tremendas cosas nos responderás tú
en justicia, Oh Dios de nuestra salvación..." (Copiado de la Revisión de
1960).
La
parte más preciosa del Salmo, la parte que habla de la oración, el perdón de
nuestras rebeliones, la elección de los escogidos, del templo, del Dios de
nuestra salvación, ha sido pasada por alto como si no existiera, para
enfatizarse solamente las nubes, las lluvias, los granos, los rebaños, los
pastizales...
Muy
sugestivo, muy sugestivo... y muy sospechoso. Otra vez los expertos aquí
sienten ese husmillo a "modernismo" que es de lo más desagradable.
¡Cuidado, mucho cuidado!
La
Revisión de 1960 ha puesto: "Exhortación
a los guardas del templo".
Muy
pobre la "interpretación" de la Revisión de 1960, pues reduce el
Salmo a los "guardas del templo", cosa que: (1) si no se interpreta
bien puede confundir al lector que puede pensar sólo en guardias tipo
"policías" o meramente "porteros" sin apercibirse que
también están allí los sacerdotes a cargo de los cultos; (2) no capta que el
sentido del v. 3, "Desde Sión te bendiga Jehová, El cual ha
hecho los cielos y la tierra" (copiado de la Revisión de 1960), no es una
"exhortación que se da a los guardas", sino que es la respuesta que
los sacerdotes del templo daban a los peregrinos, cosa que en cualquier
comentario sano sobre los Salmos se puede leer.
De
paso, nótese el afán de cambiar por cambiar, pues la Versión Antigua lee el v.
3 así: "Bendígate Jehová desde Sion" cosa que
es mas correcta gramaticalmente y mas reverente espiritualmente pues pone
primero a Dios y después al lugar, pero la Revisión de 1960 pone primero al
lugar y después a Dios. Afán de cambiar por cambiar y no para mejor, por lo
visto.
La
Revisión de 1960 ha puesto:
"Exhortación a la creación, para que alabe a Jehová".
Este
es otro caso parecido al del Salmo 65, en que se enfatizan sólo los aspectos
naturalistas, omitiéndose otros aspectos más importantes. En efecto, el Salmo
148 además de seres y cosas creados; habla también de reyes, príncipes, jueces,
del pueblo del Señor y de los hijos de Israel, el pueblo a El cercano.
Debió
hacerse distinción en el "título" pues "Creación",
aparentemente amplio, no es término adecuado para las otras obras de Dios que
requieren otros procedimientos, motivos y propósitos, que el mero Cosmos. La
Versión Antigua dice: "Exhortaciones (nótese el plural, significando
distinciones) a alabar a Dios". Es correcto. ¿Por qué se cambió?
x. Sobre la sección de
Proverbios cps. 28 y 29
La
Revisión de 1960 ha puesto: "Proverbios
antitéticos".
No
nos referiremos aquí a las sutilezas filosóficas ni a las implicaciones
teológicas ultramodernistas contenidas en forma latente en el término
"antitéticos", pues no creemos que estuvieron presentes ni incidieron
en la mente y ánimo de los señores "revisores", cuando colgaron ese
letrero altisonante dentro de la sencilla Palabra de Dios. Hécholes ese
beneficio, ¿qué tenemos contra el uso de la palabra? ¿Acaso dentro de la
Retórica, no significa simplemente: "contraponer frases de distinto
significado"? ¿Y acaso no son de esa clase los proverbios de la sección
intitulada?
Nada
tenemos que objetar a todo ello. Pero hay, un hecho que debemos señalar y que
no puede pasarse por alto. Es que NO SOLO en los cps. 28 y 29 hallamos
proverbios de esa clase. También están y abundan, en los cps. 10, 11, 14 y 15,
por citar ejemplos, pero la ‘Revisión", al poner "antitéticos"
solamente sobre los cps. 28 y 29, da la impresión que sólo en esa sección se
hallan y que por ello sólo a esa sección se la intituló así. Y ambas cosas son
inexactas.
Además,
tenemos el hecho de que se ha desechado lo que decía la Versión Antigua:
"Otros proverbios de Salomón sobre diversos asuntos", sentencia
correcta, que no contiene ninguna palabra en desuso en el idioma Castellano y
que, además, reafirma la paternidad Salomónica del Libro de Proverbios, cosa
que concuerda con la evidencia interna (ver cp. 1:1). Pero la Revisión de 1960
borró de sus "títulos" tal paternidad, cosa que alguien podría
interpretar como incursión en el campo de la Crítica Literaria negativa...
—pero no entremos en tales disquisiciones.
Otra
vez nos vemos obligados a preguntar: Por qué tanto afán por cambiar?
La
Versión Antigua dice: "Elección de Matías".
Pues
oiga usted esto, querido hermano: la Revisión de 1960 se sintió, al parecer, en
el honroso deber de vindicar tan horrenda omisión de "Judas", así es
que desechó el enunciado de la Versión Antigua y colgó este "título":
"Elección del sucesor de
Judas". ¡Qué prurito de cambiar, sin ninguna razón!
Además
eso de "SUCESOR" debió tener algún aditamento que indicara el
carácter de esa "sucesión", dadas las implicaciones del caso pues tal
como ha sido usado el término, resulta incorrecto si se lo coteja con el
pasaje. Por ejemplo, el apóstol Pedro dijo: "uno sea hecho con
nosotros testigo de su resurrección", (v.22) y en esto, Matías NO
SUCEDE A JUDAS, pues el traidor no fue testigo de la resurrección del Señor
Jesucristo. Estos aspectos no están incluidos, es obvio, en la sentencia de la
Versión Antigua, pero al menos el énfasis de ésta va sobre el electo, un santo
testigo; pero el énfasis de la Revisión de 1960 refiere a un hijo del Diablo.
xii. Sobre Ia
Tes. 2:17 a 3:13
La
Versión Antigua dice: "El amor de Pablo".
Pero
la "Revisión de l960" —pues hermano, hay que cambiar— pone: "Ausencia de Pablo de la Iglesia".
Otro cambio de frase totalmente innecesario, con el consiguiente cambio de
énfasis. La Versión Antigua enfatiza el amor del apóstol, pero la Revisión de
1960 enfatiza su ausencia de la Iglesia... cosa ésta que si no se interpreta
convenientemente puede resultar contraproducente.
La
Revisión de 1960 ha puesto: "Requisitos
de ancianos y obispos".
La
Versión Antigua, por razones de compaginación, no señala los versos 5 a 8 de
esa sección, que son los únicos que tratan sobre ancianos, pero señala la
Sección mayor, que comprende los versículos 9 a 16 del pasaje y dice: "Los
falsos maestros".
Tan
importante porción del pasaje que trata de tan grave asunto, fue descartada por
la Revisión de 1960 al redactar su "título". ¿Por qué? Hubiera podido
redactarlo así: "Requisitos de ancianos y prevención sobre falsos
maestros" ¿Verdad?
Además,
el uso de la conjunción copulativa "y" en su título "Requisitos
de ancianos y obispos", trae problemas, pues induce al lector a pensar que
"ancianos" es una clase de oficio y que "obispos" es otra;
cosa que, si bien hace aparecer a la Revisión de 1960 favoreciendo formas de
gobierno eclesiástico discutibles (como la "episcopal" por ej.), la
coloca irremisiblemente en contra de las claras enseñanzas del Nuevo Testamento
que establecen que "ancianos" u "obispos", son uno y el
mismo oficio y que la diferencia de palabras no significa
"jerarquías" de los obispos sobre los ancianos, sino que simplemente
señalan diferentes aspectos del mismo ministerio: el ministerio de los pastores
de la Iglesia local. (Considérese, al respecto: los vv. 5 y 7 de la misma
sección intitulada y también Hechos 20:17 y 28).
La
Revisión de 1960 ha puesto: "La
palabra de vida".
A
simple vista hiere nuestra sensibilidad Cristiana, eso de leer
"palabra" con minúscula, pues si se deseó que el "título"
fuera equivalente a la expresión "Verbo de vida" del v. 1, entonces
"Palabra" debió escribirse con mayúscula pues se trata de la Persona
de Cristo, el Verbo. Por lo tanto, el "título", además de
gramaticalmente incorrecto resulta espiritualmente irreverente.
Pero,
si no se quiso referir al Verbo, entonces tenemos que reinterpretar el
"título" para discernir en qué connotación fue basado y a qué —ya que
no a quién— enfatiza y tal cosa hará obvio que no enfatiza a la Persona de la
Santísima Trinidad que es preeminente en el pasaje.
Basta
con lo expuesto, caro lector, para mostrar lo grave que es el hecho de
incorporar "títulos" dentro de la Santa Palabra de Dios, pues tales
"títulos" requieren ser interpretados y con ello, vienen a ser parte
en la interpretación del pasaje y hasta pueden llegar a alterar el significado
del Texto Bíblico.
¡Fuera
del texto, pues, todos los títulos! Y algunos de ellos: ¡fuera también de las
paginas!
Respétese,
sin excepción alguna, la regla seguida en la Versión Antigua y vuélvase al
enunciado de sus breves sentencias: sencillas en su expresión, sanas en su
doctrina, reverentes en su redacción y prácticas, impresas fuera del Texto
Bíblico (en la margen superior de las páginas) y en tipo de letra diferente
(bastardilla o cursiva).
Sentencias
fuera de texto, en la versión Antigua. Sugerimos que en futuras ediciones, se
advierta al lector en un breve "Prefacio", que esas sentencias no
traducen a los originales Hebreo y Griego; que han sido puestas simplemente
como una guía sencilla para ayudar a visualizar rápidamente ciertos pasajes y
servir, en ocasiones, como una también sencilla guía u orientación sobre el
contenido general o algún aspecto destacable del Texto. De paso, digamos aquí
que también debiera aclararse la presencia y el uso de las así llamadas
"referencias".
¡Ah!,
pero esto de las "bastardillas", ya nos introduce a nuestro capítulo
siguiente.
Eliminación del tipo de letra bastardilla para las
palabras auxiliares o complementarias
DICE
EL SEÑOR: "¿QUE TIENE QUE VER LA PAJA CON EL TRIGO?" (Jer. 23:28)
En
nuestra Biblia Versión Antigua, cierto número de palabras está impreso en tipo
de letra bastardilla o cursiva, para diferenciarlas de las
palabras principales del Texto. Tal cosa indica que esas palabras en bastardilla, no
traducen directamente a términos equivalentes de los Textos originales Hebreo y
Griego pues éstos no los tienen, pero se imprimen porque a juicio del traductor
lo requiere la construcción de la frase o el sentido del original. El uso de
las bastardillas facilita la inmediata identificación de esas
palabras complementarias.
Pero
en la Revisión de 1960, las bastardillas fueron eliminadas, aunque no las
palabras complementarias que así (junto con otras agregadas en la Revisión de
1960), han quedado indebidamente incorporadas al Texto Bíblico, sin posibilidad
de identificación ni prevención alguna para el lector.