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INDICE
I)
Antiguo modernismo: Racionalismo
3)
¿Qué es la Teología
liberal?
4)
Corrientes
Modernistas-Racionalistas en los tiempos Apostólicos
5)
Corrientes
Modernistas-Racionalistas desde el siglo II hasta nuestros días
Il)
Nuevo modernismo:
Barthismo; Neo-Ortodoxia (Vínculo
a segunda parte)
La
Escuela Bíblica de Teología “A.L.E.R.T.A.”, presenta una serie de estudios
relacionados con las grandes “Señales de los Tiempos”, que nos advierten del
cumplimiento de profecías precursoras de la venida del Señor para arrebatar a
su Iglesia.
Dichos
temas serán tratados en forma clara y concisa, con el propósito de clarificar
el pensamiento cristiano sobre distintas corrientes que, actuando desde dentro
y fuera de la Iglesia, ejercen su influencia negativa en esta hora decisiva e
histórica.
Estamos
seguros que con la ayuda del Señor, hemos de aportar una contribución necesaria
para discernir la actitud bíblica a asumir por los fieles y que es deber
ineludible conocer, pues todos, inevitablemente, debemos sentirnos actores
responsables del acontecer evangélico en la santa vigilia del anhelado retorno del
Señor.
Este
primer trabajo que presentamos, versa sobre el tema: “¿QUÉ ES EL
MODERNISMO? FALSOS CRISTOS Y FALSOS PROFETAS”. La sola mención de su
título evidencia la importancia y trascendencia de los puntos involucrados, que
su autor considera dentro de un planteo bíblico e histórico bastamente
documentado y en estilo tal que introduce al neófito, sin carecer por ello de
elementos que lo recomiendan al juicio de los entendidos.
Plegue
a Dios que halle eco en muchos corazones.
JOSE M. DI PARDO
Prof. Historia de la Iglesia
HERMANOS EN EL SEÑOR JESUCRISTO:
Constreñido por el amor de Dios, a su Santa Palabra y a la
Iglesia que el Señor ganó con su preciosa sangre y seguro de su ayuda, os
invito a aplicarnos al estudio de la Biblia y de la Historia, con el propósito
de discernir –para precavernos- la más terrible plaga que jamás azotó a la grey
cristiana: ¡EL MODERNISMO!
Desde luego, tan compleja y vasta materia apenas podrá
bocetarse en un trabajo como éste que, por su contenido y metraje sólo pretende
ser una sencilla introducción sinóptica al estudio de la misma, de carácter
general y popular.
Ante todo, debemos establecer que la iniciativa de la
acción, en el misterio del engaño, corresponde al mismo Satanás, pues éste:
“Cuando
habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso y padre de mentira”. (Jn.
8:44).
Esto nos capacita para entender que las
palabras del Señor:
“Se levantarán falsos Cristos y falsos profetas”. (Mt. 24:24).
refieren
primordialmente a espíritus infernales, que, simulando ser el mismo Señor Jesús
(falsos Cristos), se manifestarán por medio de instrumentos humanos (falsos
profetas).
Quienes conozcan apenas algo de la múltiple acción de los
espíritus fraudulentos actuantes en el campo diabólico del Espiritismo,
comprenderán mejor el misterio. Así como un medium espiritista es el instrumento usado por un demonio
para hacer creer -pongamos por caso- a una mujer viuda, que el propio espíritu
de su difunto esposo le habla; así, hermanos, existen demonios escogidos que se
hacen pasar por el prometido Esposo de la Iglesia, Jesucristo.
“Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se transfigura en ángel de
luz. Así que, no es mucho si también sus ministros se transfiguran como
ministros de justicia”. (2ª Co. 11:14, 15).
Tales espíritus engañarán a ciertos hombres, que, por
haberse apartado de la Verdad revelada en la Palabra de Dios, caerán fácilmente
como víctimas de los mismos demonios, cuya existencia real ponen en duda o
niegan.
“Empero el Espíritu dice manifiestamente, que en los venideros tiempos
algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus de error y a doctrina de
demonios”. (1ª Ti. 4:1).
Los espíritus de error, pueden hacerse oír, actuando como malicias
espirituales, en el campo mental humano (Ef. 6:12). Desde luego, no se
presentarán como tales, sino que aparecerán en el plano mental de ciertos pensadores, como influencias
altamente inteligentes, para insinuarles nuevas
o más profundas ideas
sobre determinados problemas del Saber. Y esos hombres, ávidos de
aprehenderlas, se abrirán plenamente a esas influencias, que los irán
envolviendo sutil y paulatinamente hasta llegar a dominarlos, engañándolos en
tal manera que creerán haber sido inspirados por Dios... Y saldrán de sus
gabinetes de estudio a proclamar sus nuevas
verdades, sin discernir que sólo difunden doctrinas de demonios.
Mucha gente, en el campo del modernismo, vive tal o muy
parecida tragedia interior. La Palabra de Dios revela su engaño, pero los
modernistas, por su formación intelectual, están predispuestos en contra,
precisamente, de los mismos textos bíblicos que declaran esos misterios. Otras
veces, razones de prestigio,
concepto propio, posiciones, influencia, fama, actúan en esos hombres como
elementos inhibitorios. ¡Ojalá que muchos de ellos reciban este mensaje y lo
mediten con sincera oración!
Y en cuanto a nosotros, hermanos, jamás olvidemos la
amonestación de la Palabra de Dios, que nos previene:
“Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de
Dios; porque muchos falsos profetas son salidos en el mundo.”
“...y todo espíritu que no
confiesa que Jesucristo es venido en carne, no es de Dios: y éste es el
espíritu del anticristo...” (1ª Jn. 4:1, 3)
Sólo la
ignorancia voluntaria por desidia en el estudio de la Biblia; la imprudencia,
falta de vigilancia y de oración; la indiferencia por enfriamiento de la
caridad o cobardía moral; la desobediencia, la complicidad con los apóstatas
por compromisos personales o intereses creados, etc., pueden acarrear a
creyentes su más vergonzosa derrota en manos del diablo, que busca introducir
su falsa doctrina en el seno de organizaciones cristianas y aun de las mismas
Iglesias locales, con el propósito de preparar el camino al anticristo. ¡ALERTA
HERMANOS!, contra los errores de aquellos que, ENGANARAN, SI ES
POSIBLE, AUN A LOS ESCOGIDOS. (Mt. 24:24).
Es un desmedido amor a lo novedoso en desmedro de lo
antiguo; algo así como aquel prurito intelectual que padecían los Atenienses
que contendieron con Pablo, quienes:
“...en ninguna otra cosa
entendían, sino o en decir o en oír alguna COSA NUEVA”. (Hch. 17:21).
Es, además, un falso espíritu de progreso, que comienza por concebir insatisfacción con lo que
se es o lo que se tiene, e impulsa a ir más allá... sin restricciones de
ninguna especie.
Trasladado al campo
teológico, ese espíritu progresivo,
llega al extremo de rebajar y aun desechar la Autoridad de la Palabra de Dios,
criticándola primero, mutilándola luego, para finalmente anularla y
reemplazarla con la falsa autoridad de los pensamientos de los hombres.
El apóstol Juan nos
da una excelente definición del modernismo, al decirnos:
“Cualquiera que se rebela y no
persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios”. (2ª
Jn. v. 9).
¡REBELION! Un alzamiento contra la doctrina de
Cristo tal como registrada en la Palabra de Dios, provocado por aquellos que
caen en el abismo de la incredulidad por haber puesto sus pies en el tropiezo
de la duda. Hombres que NO TIENEN A DIOS, aunque algunos de ellos
creen no sólo que lo tienen, sino que, HASTA LO SON...
Y por tratarse de REBELION, el
modernismo se ubica en el tiempo de la Historia que registra la caída de aquel “QUERUBIN
CUBRIDOR” ahora conocido como el Diablo, quien se dijo:
“Subiré al cielo... junto a las estrellas de Dios entrelazaré mi solio...
y SERE SEMEJANTE AL ALTISIMO”. (Is. 14:13, 14).
Subiré... subiré... ¡Y CAYO! “Como caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana”. (Is.
14:12). Caído del cielo, Satanás obró en la tierra. GENESIS 3:1 a 5, nos
informa del proceso por el cual logró hacer modernista al hombre, comenzando
por cuestionar la Palabra de Dios e insuflándole su mismo deseo de rebelión con
su maléfica insinuación: NO
MORIREIS... SEREIS COMO DIOSES... Y las criaturas se rebelaron contra
el Creador en vano y absurdo intento de hacerse a sí mismas, DIOS.
Concluimos
entonces que la paternidad
espiritual del modernismo, corresponde a Satanás. Le siguieron los ángeles que
a su influjo se sometieron, o sea, los demonios, y finalmente, el hombre. Por
lo tanto, el modernismo es tan viejo como el mismo Diablo, pero ha ido remozándose a través de los
siglos. Veremos de seguirle las huellas.
Es el
pretendido fondo intelectual en que se apoya la rebelión del modernismo, para
pasar por aceptable. Como el modernismo es rebelión contra la doctrina de Cristo, debe
entonces producir su propia doctrina
para oponer a aquella. Y en cuanto decimos doctrina
significamos LAS PALABRAS que la revelan. Pero como las palabras son
inseparables del pensamiento y éste es inseparable de la razón, concluimos que
el modernismo, para producir alguna especie de doctrina, deberá hablar ciertas
palabras y para ello, usar en alguna manera, la razón.
Cabe
decir que si usamos la razón como debe ser usada de acuerdo con la ley del
Creador y por lo tanto, en sumisión de Dios y a Su Santa Palabra, nuestros
razonamientos serán correctos, las palabras que los expresan serán verdaderas,
las doctrinas sanas y los hechos ciertos. Pero, haced que la razón se nutra de
la rebelión del modernismo y resultará entonces el RACIONALISMO.
Precisamente,
el racionalismo parte del principio de independencia, que en el fondo sólo es
REBELION CONTRA DIOS, ya que no acepta sumisión a nadie que no sea la propia
razón del racionalista. Pero éste confunde tal rebelión con libertad y gusta de llamarse amplio, universal o liberal,
sin apercibirse que ha traspuesto los amplios portales del LIBERTINAJE para
caer en la estrecha cárcel de su propia limitada razón, esclava de Satanás. Se
prueba esto, por el hecho de que el racionalismo, en sus extremos más
virulentos,
ha llegado a rechazar completamente la Autoridad de las Sagradas Escrituras, ha
cuestionado la misma realidad histórica del Señor Jesucristo y hasta ha negado
la misma existencia de Dios.
La edad de oro del racionalismo, es
la edad de la razón y ciencia humana. De esta última unión RAZON-CIENCIA,
surgió el racionalismo mal llamado científico,
e infiltrado éste en el campo de la religión, produjo esa especie híbrida de la
llamada TEOLOGIA LIBERAL, o sea, el Modernismo
Racionalista o Racionalismo
Religioso, corno se quiera. La calificamos de híbrida por cuanto no posee virtud alguna para engendrar
hijos de Dios, pero aclaramos que es sumamente prolífica en la engendración de
incrédulos.
3) ¿Qué es la “Teología liberal” o
“Modernismo Racionalista” o “Racionalismo Religioso”?
Es la trilogía del
error que se define como las ideas o razones de los hombres que no han perseverado
en la doctrina de Cristo y se han rebelado contra la Palabra de Dios, aunque
presentadas en términos religiosos
de tal semblante, que, sin serlo, pasan por cristianas.
Es el maridaje entre
una religión sin sangre y una
ciencia sin espíritu, o sea,
entre una religión espiritualista
y una ciencia materialista.
Los teólogos liberales se han levantado contra la Ciencia de Dios; han
rechazado la ofensa de la Cruz y el Evangelio de la Salvación por la fe en la
sangre preciosa del Cordero Jesucristo, al que califican insolentemente de
CARNICERIA; han alegorizado o espiritualizado
los pasajes de las Escrituras en que se basan las doctrinas fundamentales del
Cristianismo, hasta volatilizarlos
o hacerlos desaparecer como hechos reales y de fe, presentándolos como si
fueron parábolas, leyendas o mitos. Por andar siempre del brazo con las
teorías pseudo científicas en boga que les atraen
como la luz artificial
a los insectos, se dicen y desdicen a cada paso. La verdadera Ciencia, jamás
podrá rebelarse contra la Ciencia de Dios, pero la falsamente llamada ciencia, sí. (Ver 1ª Ti. 6:20, 21).
El creyente, reconoce
su propia limitación y se somete a la Palabra de Dios y halla que ésta es
perfectamente razonable y verdadera. El hombre de fe, humilde y agradecido,
razona y cree.
El teólogo liberal,
en cambio, se mide a sí mismo con la ancha medida de su sobreestimación
personal, no se somete a la Palabra de Dios y en su racionalismo religioso,
sólo cabe lo que su mente finita decide creer, una vez que ha juzgado con su
corto alcance y escaso juicio a las insondables razones de Dios y ha negado a
muchas de éstas, divinidad. El hombre orgulloso y sin fe, razona
equivocadamente
y niega. El teólogo liberal es por ello un incrédulo que se dice creyente y
pasa por tal sin serlo.
“Estos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos,
transfigurándose en apóstoles de Cristo”. (2ª Co. 11:13).
4) Corrientes
Modernistas-Racionalistas en los tiempos Apostólicos.
FARISEOS:
agregaban a la Palabra de Dios sus tradiciones e interpretaciones rabínicas
que finalmente invalidaban la Palabra.
SADUCEOS: quitaban a
la Palabra; negaban la inmortalidad y por ende, la resurrección. Eran
materialistas.
Ambas
sectas fueron calificadas por Juan el Bautista como GENERACION DE VIBORAS (Mt.
3:7). Agregar o quitar a la Palabra, es trabajo viperino pasible de graves
castigos.
(Ap. 22:18, 19).
ESENIOS: Orden monástica en sus
adeptos más fanáticos. Eran ascéticos y vegetarianos. Creían en la inmortalidad
del alma pero no en la resurrección del cuerpo. No participaban de los
sacrificios establecidos en la Ley y oraban mirando al Sol. Sus mas fervientes
adeptos prohibían el matrimonio, pero adoptaban niños a quienes enseñaban sus
doctrinas y en quienes se perpetuaban. Algunos dicen en nuestros días que al
Señor Jesucristo lo educaron los esenios (!) . Quienes tal dicen, no conocen a
Cristo, ni a los esenios, ni a la Palabra de Dios.
EPICUREOS: Materialistas, ateos,
sensuales: comamos y bebamos que
mañana moriremos.
ESTOICOS: El otro extremo.
Espiritualistas y ascetas: heroicos en sus esfuerzos por dominar las pasiones.
Pero eran panteístas y por lo tanto monistas, creyendo que espíritu y materia
son una solo cosa, con la obligada conclusión: Yo también soy Dios.
GNOSTICOS: Este calificativo deriva
de gnosis que significa conocimiento. Pretendían poseer
una clase de sabiduría muy especial
y acusaban a los apóstoles de no haber sabido interpretar correctamente los
textos del Antiguo Testamento. Su doctrina consistía fundamentalmente en creer
que los seres y las cosas derivaron de emanaciones
del Ser Supremo, “eones”, que
fueron posando por progresiva degeneración aunque luego iniciarían un
progresivo perfeccionamiento hasta volver a su estado original. Una especie de
teosofía que enseñaban en privado. Negaban las escrituras y se oponían por
igual al Judaísmo y al Cristianismo. Con su filosofía, trataban de dar cuenta de la Creación, con lo
cual tenían la pretensión de ser científicos.
Allí tenemos el enlace entre la falsa ciencia y la falsa teología, consumado en
pretendidos sabios que
presumían poseer nuevas luces.
Por su método de trabajo, introduciéndose en los hogares de los creyentes para
desviarlos de su fe, el apóstol Juan ordenó o los fieles no recibirlos en sus
casas ni decirles bienvenidos (2ª Jn. v.
10). Contra los gnósticos, fueron escritas las siguientes epístolas:
Colosenses; Primera de Pedro; Primera y Segunda de Juan.
Ahora haremos especial
mención de otra rama modernista-racionalista a la cual, de conformidad con el
apóstol Pablo, denominaremos GANGRENISMO.
“Mas evita profanas y vanas parlerías; porque muy
adelante irán en la impiedad. Y la palabra de ellos carcomerá como gangrena: de
los cuales es Himeneo y Fileto; que se han descaminado de la verdad, diciendo
que la resurrección es ya hecha, y trastornan la fe de algunos”. (2ªTi.
2:16-18).
La herejía así expuesta, era la más peligrosa, por
su elemento dialéctico.
Usamos este término, únicamente en su sentido primario de modos de decir o modos
de expresión o modos de razonar.
Ya veremos que no es sino un sinónimo moderno del vocablo usado por el apóstol
Pablo: ¡PARLERIA!. En verdad, el término paulino incluía una significación
compuesta: VACIO, aunque SONIDO. Es decir, palabras huecas, carentes de
sustancia, pero altisonantes, efectistas. Bien lo expresa nuestra excelente
Versión Reina-Valera: VANAS PARLERIAS.
Con todo, el gangrenismo se las ingeniaba para
utilizar ciertos modos de decir o de dialéctica,
que lograba lo que a primera vista
parecería imposible: NEGAR AFIRMANDO.
Himeneo y Fileto atacaban la doctrina de la
resurrección corporal y negaban, por lo tanto, la salvación del cuerpo. Con ello daban por falsa la misma
resurrección física del Señor Jesús y anulaban implícitamente la esperanza
cristiana de igual resurrección y del retorno del Señor. Pero —y aquí está la
sutileza dialéctica— negaban todo eso, valiéndose de una afirmación: ¡YA HEMOS
RESUCITADO!, o como lo registra San Pablo: “LA
RESURECCION ES YA HECHA”. Con ello significaban que la resurrección sólo
tenía lugar en la conversión, que la venida del Espíritu era entonces la tal segunda venida del Señor y que al morir, el alma
del creyente abandona para siempre el cuerpo.
De modo que un sencillo creyente podía escuchar de
labios de un gangrenista estas palabras: Los creyentes ya hemos resucitado con Cristo, y al oírlas batía palmas, pues en
sentido espiritual es cierto; pero, si todo lo que significa RESURRECCION ya fue hecho en el
creyente, entonces cuanta doctrina bíblica tiene que ver con la victoria sobre
la muerte y el sepulcro cae a tierra y es negada punto por punto. ¡Cuán
engañoso era, pues el gangrenismo!
Otro de sus agravantes, consistía en que no
atacaba al cuerpo de la Iglesia desde afuera, como lo hacían otros enemigos,
sino que atacaba desde adentro. Y lograba engañar, sí, aún a los escogidos, puesto que
Pablo apóstol tuvo que escribir: “Y
TRASTORNAN LA FE DE ALGUNOS”.
Hermanos: en base a esta revelación de la Palabra
de Dios, afirmamos que las herejías ultramodernas que nos afligen, se basan en
principios intelectuales dialécticos del modernismo racionalista del Siglo I.
Cuanto modo de decir o de dialéctica haga ruido en nuestro
Siglo XX, es un retoño del gangrenismo de Himeneo y Fileto, denunciado por
Pablo apóstol como la forma más avanzada de la impiedad.
“Nada hay nuevo bajo el Sol”. (Ec. 1:9).
5) Corrientes
Modernistas-Racionalistas, desde principios del Siglo II hasta nuestros días.
CERDONITAS,
MARCIONITAS, APELIANOS. (Siglo II).
Los tratamos en conjunto,
pues derivaron unos de otros. Y diremos que sus gérmenes han permanecido a
través de los siglos sea manifiesta o subyacentemente, hasta hoy.
No
creían en la Inspiración de las Escrituras. Negaban el Antiguo Testamento y
gran parte del Nuevo. Rechazaban la engendración virginal del Señor, la
resurrección corporal, etc.
CERDON,
sólo aceptaba Lucas sin los dos primeros capítulos.
MARCION,
discípulo de Cerdón en su ANTITESIS,
trató de demostrar las grandes diferencias que -según él- existían entre el
Dios del Antiguo y el Dios del Nuevo Testamento. Su argumentación consistía en
contrastar lo severo de la Ley con la benignidad de Jesucristo, sin entender,
claro está, la procesión de las Dispensaciones y el Gran Cumplimiento en el
Cordero de Dios, inmolado sobre la cruz. Marción, por lo tanto, es el
progenitor de la obra de la llamada Crítica
Moral de nuestro tiempo pues afirmaba como en ciertos casos lo ha hecho
ésta, que el carácter del Dios del Antiguo Testamento no concuerda con el del
Dios revelado en Jesucristo, con lo cual concluía que el Antiguo Testamento
no fue inspirado por Dios.
Esto
ocurría allá por el Siglo II, pero aun hoy, en pleno Siglo XX, sigue
ocurriendo.
BROMLEY
OXNAM, obispo metodista en los Estados Unidos, aparece en su libro “Preaching
in a Revolutionary Age”, o sea, “Predicando en una edad revolucionaria”, pp. 78
y 79, citando y escribiendo así:
“Hugo
Walpole en “Winstersmoon”, relata de un padre e hijo en la Iglesia. El anciano
rector leyó del Antiguo Testamento y el muchacho aprendió sobre el terrible
Dios quien envió plagas sobre el pueblo y mandó serpientes ardientes para
asaltarles. Esa noche, cuando el padre, pasó frente al dormitorio del niño, el
hijo lo llamó, lo abrazó y le dijo: Papá, tú odias a Jehová. Yo también. Lo
aborrezco, sucio matón.
Hace mucho tiempo ya que nosotros hemos rechazado un
concepto de reconciliación asociado históricamente con una idea de una Deidad
tan aborrecible. Dios, para nosotros, no puede ser conceptuado como un Ser
enojado, terrible, vengador, quien por causa del pecado de Adán debe tener su
libra de carne a lo Shylok.[1]
Con razón el niño honrado, en repugnancia justificable, podía decir: sucio
matón”.
Hasta aquí, la cita que no deseamos calificar, Sólo diremos, con el
arcángel Miguel:
“EL SEÑOR TE
REPRENDA”. (Jud. v. 9).
WILLIAM OLIVER STEPHENS,
presbiteriano, en un artículo de su firma aparecido en “The Presbyterian
Tribune”, Octubre 1951, nos dice que:
“En los libros que preceden a los profetas se nos muestra a un Dios tan
repugnante que sólo puede ser comparado a Hitler y su camarilla”.
Repetimos
otra vez: EL SEÑOR TE REPRENDA.
Los Marcionitas, de los
cuatro Evangelios sólo aceptaban Lucas sin los dos primeros capítulos. De los
demás libros del Nuevo Testamento, Marción sólo admitía las epístolas de
Pablo. Tenían además otros errores fundamentales en común con los Maniqueos del Siglo III y los Docetistas, quienes
negaban la realidad del cuerpo físico del Señor Jesucristo. Con todo, algunas
Iglesias Marcionitas posteriores volvieron a la fe.
APELIANOS: seguidores de Apeles. Negaban la
engendración
virginal aunque mantenían que Jesucristo era hijo de Dios y del Espíritu Santo y efectivamente
había encarnado en un cuerpo humano, pero no en la virgen María. Según Apeles,
el Señor había sido engendrado por los cuatro elementos, tomando una parte de
cada uno de ellos que devolvió luego al volver al cielo... Rechazaban la
Autoridad
del Antiguo Testamento y sostenían que los profetas estaban llenos de errores y
contradicciones. Apeles escribió un tratado para probar la falsedad de los escritos de Moisés.
Los errores de todos esos heresiarcas, continuaron
en diversas formas y a través de distintos canales, nítidamente hasta el Siglo
V, y luego algo más sutilmente diluídos aunque siempre presentes, hasta nuestros
propios días, como en parte lo llevamos visto.
Pero necesitamos hacer un alto en la mitad del
SIGLO XVII, cuando, al decir de un
historiador:
“Por la fatiga que
experimentaba la humanidad a causa de luchas teológicas y guerras religiosas,
las gentes comenzaron a creer que la religión y en especial la Cristiana, era
la causa de sus calamidades. Y comenzó a surgir en muchos hombres, la idea
racionalista con un vigor inusitado, fundada en que si se rechazaban las
supersticiones y cada uno viviera según los dictados de su razón, amanecería un
mundo nuevo de paz y fraternidad universal”. (W. J.
McGlothlin).
Al llegar el SIGLO XVIII, se definen aún más esas
tendencias racionalistas modernas, entre las cuales el Deísmo[2] de Tomás Payne y los escritos del ateo
Voltaire, eran conspícuos.
La ecuanimidad obliga a reconocer algunas
conquistas en el campo de las libertades humanas básicas, pero lamentablemente
sobrevino un declarado libertinaje, expresándose quejas amargas —aunque no
siempre infundadas— contra la Iglesia, y duras —aunque siempre infundadas—
críticas a la Biblia.
Este último embate del error, fue la placenta que
incubó y nutrió a la EDAD DE LA CRITICA, de modo que en el SIGLO XIX, el racionalismo religioso concentró
sus ataques contra la Palabra de Dios.
El auge de las ciencias y el afán de estar a tono
y al día con ciertos pretendidos descubrimientos
científicos, hizo que muchos teólogos abandonaran la Revelación de la
Biblia
y abrazaran las nuevas ideas que, del transformismo y la evolución de las
especies, aventuraran, más que establecieran, Lamark y Darwin. Recomendamos,
de paso, la excelente obra titulada “LA TEORIA DE LA EVOLUCION Y LOS HECHOS DE
LA CIENCIA”, del Profesor HARRY RIMMER, traducida por el hno. José M. Rodríguez
y publicada por la Junta Bautista de Publicaciones, en cuya obra el erudito
Profesor Rimmer, refuta las teorías evolucionistas.
La crítica destructiva comenzó a descartar grandes
secciones del Antiguo y aun del Nuevo Testamento. Hermanos, la Crítica
reverente, Crítica propiamente dicha, tiene su lugar legítimo y loamos a Dios
por los buenos críticos creyentes que han cruzado sus armas siempre
victoriosas contra los argumentos del error; pero lamentablemente, por falta de
vigilancia y celo, se introdujeron encubiertamente en la Cristiandad, tal como
lo predijeran los apóstoles, ciertos doctores
que trajeron al seno del Cuerpo, los bacilos de la mal llamada Alta Crítica, con su misión
demoníaca de desmembrar a la Biblia, al punto que aun desde muchos Seminarios
Teológicos, otrora leales a la Palabra de Dios, comenzó a manar una corriente
de incredulidad contra los escritos bíblicos.
Fue por el año 1890, que los corifeos del
modernismo racionalista levantaban sus voces irreverentes e incrédulas, negando
cada doctrina cristiana y bíblica: y como triste saldo, el escepticismo, la
incredulidad, invadieron a muchos ministros y cuerpos eclesiásticos; aunque
justo es consignar que preclaros varones, fieles creyentes en la Palabra de
Dios a quienes se ha dado en llamar FUNDAMENTALISTAS, fueron levantados por el
Señor en todas las confesiones evangélicas para testificar a la Verdad de Dios
y exponer e impugnar las herejías. A pesar de ello, los modernistas no
cejaron en su empeño.
LA ENTRADA
A NUESTRO SIGLO XX, se hizo en muchos ambientes y en muchos respectos, por la
ancha puerta de la duda y aun de la negación. Pero el fruto amargo del
modernismo racionalista mostró pronto su naturaleza diabólica, ya que sus
conclusiones desembocaban irremisiblemente en la más completa incredulidad, al
punto que sus líneas fronterizas extremas apenas si podían distinguirse de las
del ateísmo más declarado.
Un ejemplo de lo que
decimos, lo trajo a colación el fiel hermano bautista, Misionero ROBERTO F.
ELDER, en su conferencia titulada “EL MODERNISMO”, pronunciada ante la
Asociación de Pastores Bautistas, en el año 1925:
“R. J. Campbell, de
Londres, escribió (más o menos en 1907) su libro “LA NUEVA TEOLOGIA”. El más
renombrado ateo de Inglaterra, Blatchford, dijo: Como socialista agnóstico,
estoy naturalmente contento con el libro. Mr. Campbell es un ministro cristiano
y yo soy un periodista ateo y la diferencia entre su religión y la mía es tan
pequeña que no vale la pena discutirla. Mr. Campbell rechaza las doctrinas de
la caída y de la expiación; niega la deidad de Cristo, su
concepción virginal y la infalibilidad de la Biblia y rechaza la idea del
castigo divino y de un infierno sin fin. YO TAMBIEN. Mr. Campbell abandona la
idea ortodoxa del pecado y dice que el egoísmo es el pecado y que el altruismo
es la moralidad y la salvación. YO TAMBlEN”.
Otro fiel hermano bautista, el Misionero JAIME C.
QUARLES, tradujo al castellano la vigorosa obrita “FE Y LA FE”, de T. T. EATON.
En su página 78, tenemos otro ejemplo que corrobora cuanto venimos afirmando:
“Ante una Asamblea en Detroit, el Dr. Osgood leyó de algunas hojas de
papel lo que él llamaba las conclusiones de la “crítica superior”. En el
auditorio había muchos conocedores y partidarios de la “crítica superior”. El
Dr. Osgood pidió que se le corrigiera si sus afirmaciones contenían alguna
inexactitud. Pero nadie hizo la menor objeción ni rectificación. ¡CUAL NO SERIA
EL ESTUPOR DEL AUDITORIO AL DECLARAR EL CONFERENCIANTE QUE TODO CUANTO EL HABlA
LEIDO, LO HABIA EXTRAIDO DE LOS ESCRITOS DE LOS ATEOS DEL SIGLO “XVIII”.
Negando los escritos de Moisés, algunos de los
cuales califica de folklore o
leyendas autóctonas desprovistas de toda veracidad histórica y por ende sin
autoridad doctrinal; cuestionando una y otra vez la palabra de los profetas y
de los apóstoles; la crítica destructiva fué carcomiendo como gangrena, el
seno de todo sector de la Cristiandad que había perdido su primer amor a la
Palabra de Dios. Llegó también a nuestras playas y muchos fueron, poco a poco,
envueltos y por fin engañados y arrastrados por esa corriente. Aun algunos que
en un principio resistieron, luego, envueltos por amistades y compromisos
personales, fueron silenciándose, cuando no se constituyeron en colaboradores.
Veamos algunos ejemplos de ese modernismo
racionalista
contemporáneo, importado a nuestro país; expresándose en nuestra propia lengua
castellana.
En 1937, aparecía en
París un librito titulado “LA BIBLE”, conteniendo varias conferencias
pronunciadas en el Oratorio del Louvre por distintos pastores. Diez años más
tarde, en 1947, la Imprenta Metodista de Buenos Aires concluía la impresión de
su traducción castellana, bajo el título “¿QUE ES LA BIBLIA?”. Veremos algo de
su contenido:
“La descripción del hombre que nos hace la Biblia es más bien una
comprensión que un conocimiento y en particular lo que nos dice de él el
Evangelio no son las palabras de un profesor sino de un Profeta. Por cierto,
ocurre que en la Biblia, en tal o cual de sus páginas antiguas o en las
doctrinas de ciertos autores de sus libros, se encuentra en conflicto con las
informaciones que nos dan, sobre el hombre, nuestras ciencias modernas. No lo
discutiremos y, por otra parte, ese hecho no nos incomoda en absoluto.
Reconocemos de buen grado que los enunciados de las ciencias no deben ser
descuidados por la teología, para corregir sus errores. No pensamos reprochar
a los autores bíblicos, que escribieron sus libros en época pre-científica, el
que hayan ignorado lo que nosotros sabemos hoy en día. La ingenua concepción
que tenían de los astros y de la tierra inmóvil en el centro del universo, el
ensayo de explicación que daban del origen del mal en la humanidad como
resultado de la desobediencia de una primera pareja, son ejemplos de creencia
que no pueden ya reclamar nuestra sumisión intelectual”. (P. Vergara, en “La “Biblia, libro del hombre”. Pág.
95).
“El Antiguo Testamento nos presenta en muchas de sus páginas un Dios
antojadizo que tolera la mentira y la astucia, que ordena masacres, que es
presa de celos que nos parecen odiosos y que encuentra una extraña satisfacción
en los sacrificios rituales. ¿Cómo conciliar tales relatos o tales palabras con
las declaraciones centrales del Nuevo Testamento?”. (P. Lestringant, en “La Biblia, libro de la revelación
de Dios”. Pág. 121).
El llamado “COMENTARIO B1BLICO DE ABINGDON”, es
una obra escrita por varios autores, originalmente en idioma inglés. Fue
vertida al castellano bajo la dirección del Dr. B. Foster Stockwell y Adam F.
Sosa, y publicado en primera edición en 1937 y en segunda edición en 1949, en
Buenos Aires. Veamos apenas unos párrafos de este Comentario y veremos que los comentarios huelgan.
“El ministerio bien equilibrado no se encontrará perturbado indebidamente
por las contradicciones e inconsistencias de las Sagradas Escrituras, muchas de
las cuales acrecientan su encanto e intensifican la impresión de su unidad
indestructible”. (Pág. 40).
Sobre los dos primeros capítulos del Génesis,
leemos:
“Esto no es historia ni ciencia, nunca fue entendido así. Algunos le
llamarían “folklore”, y hallarían muchos paralelos en las historias primitivas
de otras razas... Si alguno insiste en llamar a esto folklore, dejémoslo
hacerlo, recordando que es un “folklore” sagrado”. (Pág. 160).
Comentando
el capítulo 3 del Génesis, dice:
“El castigo de la desobediencia. Jehová se deleita en pasear por el
jardín cuando sopla la fresca brisa de la mañana o de la tarde, gozándose en
la compañía y conversación de sus juguetes vivientes. Pero ahora no puede
hallarlos, y los llama hasta que ellos contestan. Y aunque no es omnisciente,
es sin embargo mucho más sabio que el hombre y que la serpiente
y conoce que esa nueva timidez no puede tener sino una causa”. (Pág. 161).
El lector atento, se habrá ya apercibido que el espíritu
que inspiró a ciertos autores del Comentario
de Abingdon, se identifica con el mismo espíritu que inspiró a Apeles y los Apelianos de los
primeros siglos. Lo triste del caso es que algunos sinceros creyentes fueron
envueltos para colaborar en la traducción al castellano de estos y otros
errores modernistas. “Engañarán, si
es posible, aun a los escogidos”.
La obra “LITERATURA DEL ANTIGUO TESTAMENTO”, por
Julio A. Bewer, fue vertida del idioma inglés al castellano para la llamada Biblioteca de Cultura Evangélica,
y publicada en Buenos Aires en 1938, bajo los auspicios de profesores de la
Facultad de Teología de calle Camacuá 282. Presenta las conclusiones de la
Crítica destructiva y, desde luego, califica de cuentos religiosos a ciertos relatos del Antiguo Testamento,
quitándoles toda veracidad histórica y doctrinal.
Veamos un caso:
“Relatos que originalmente no eran israelitas sino cananeos y babilonios,
se habían transformado en israelitas. Así, cuentos religiosos que en su origen
tenían relación con el dios cananeo Baal o el babilónico Marduc o con alguna
otra deidad, ahora se relacionan con Jehová”. (Pág. 61).
En “INTRODUCCION AL NUEVO TESTAMENTO”, por Edgard
J. Goodspeed, otro tomo de la serie de Biblioteca
de Cultura Evangélica, su autor presenta el mismo punto de vista,
comentando al Evangelio de San Juan, que el que sustentaban Himeneo y Fileto en
tiempos de Pablo.
Veamos:
“¿Pero qué hay del esperado retorno (de Cristo) del cual
Pablo ha hablado con tanta seguridad? Ya se ha realizado. El mismo era la
resurrección y la vida (Jn.
11:25). En Juan, la resurrección, la
segunda venida y el don del Espíritu son una misma cosa.
Se identifican así la resurrección, el retorno, y el don
del Espíritu. ¿Qué ocurre entonces con el juicio, del cual Pablo tanto ha
hablado como una función mesiánica? Recordamos el gigantesco cuadro de Mateo
del juicio general, tan estupendamente dibujado en la parábola final del último
discurso de Jesús. Pues, desaparece como expectativa futura, para ser
reemplazado por otro juicio que se desarrolla en lo íntimo del alma humana”. (Pág. 223).
En el libro “VIDA DE JESUCRISTO”, por Burton y
Mathews,
de la misma serie, se presenta la cuestión de los pasajes del Nuevo Testamento
que tratan de la engendración virginal del Señor. Se lo hace en forma tal que
salta a la vista el interés de los autores en rebajar su credibilidad:
“Valor histórico de las secciones referentes a la infancia de Jesús...
Respecto a éstas hay dos opiniones opuestas: (a) que son estrictamente
históricas.
Esta opinión se basa en la presuposición de que la Biblia es infalible, y
también en la creencia en la divinidad y la impecabilidad de Jesús.
(b) que son agregados posteriores a los relatos del evangelio, que se
desarrollaron para explicar la genuina humanidad a la vez que divinidad de
Jesús, tal como la sostenían los cristianos a fines del Siglo I. En apoyo de
esta opinión se cita el silencio de los evangelios, salvo Mateo 1:18-25 y
Lucas 1:34-38, respecto al nacimiento virginal de Jesús. Esta opinión
es sostenida por muchos que apoyan la divinidad de Cristo sobre otras bases.
Así presentado el asunto, es una cuestión de crítica literaria más bien que de
fe en Jesús. El material debe ser considerado en conjunto. Si no es histórico,
Jesús habría sido hijo legítimo del matrimonio de José y María”. (Pág. 39,
40).
Hermanos: podríamos continuar
citando sin solución de continuidad, de libros y otras publicaciones que
presentan abierta o solapadamente, las conclusiones de la crítica destructiva.
Pero, como todo ello ha derivado de las corrientes europeas y estadounidenses,
daremos seguidamente un resumen de estos asuntos, tal como fueron denunciados
por el Pastor NEWTON C. CONANT, de los Estados Unidos, en su libro “PRESENT DAY
METHODISM AND THE BIBLE”, impreso en 1949, por la Bible Protestant Press,
Camden, N. J., con los auspicios de “Sword of the Lord Publishers”, Wheaton,
Illinois:
“El Pentateuco no fue escrito por Moisés (esta es la
teoría de Graf-Wellhausen, de las cuatro fuentes). La creación y el diluvio son
historias paganas no del todo expurgadas. La caída del hombre es una leyenda.
Caín y Abel son ilustraciones tribales antes que individuos históricos. La
historia del diluvio es de origen pagano. Abraham ofreciendo a Isaac es una
costumbre pagana. El cruce del Mar Rojo tiene relatos dudosos entre los cuales
se debe elegir qué creer y qué no creer. Ruth es un libro de ficción y es perder
tiempo inútilmente tratar de comprobar su veracidad histórica. 1ª Samuel es
anticristiano. Reyes contiene errores, es fantástico y no es histórico. Esther
es un libro ficticio. Algunos salmos no son inspirados. Los profetas no
predecían, sino que eran simples predicadores de los males de su tiempo. Isaías
ha sido escrito por tres personas distintas (excuso decir, de paso, que los documentos hallados últimamente en
Palestina echan por tierra este serio error de la crítica). Daniel es una falsificación histórica.
Jonás es una ficción. No debe esperarse que el Nuevo Testamento sea infalible.
Mateo contiene errores e inexactitudes. Marcos contiene errores geográficos.
Juan es fraudulento y no histórico. Hechos contiene errores y discrepancias.
Las epístolas pastorales de Pablo, no son de Pablo; un autor desconocido usaba
su nombre. Hebreos está muy lejos de problemas modernos. 1ª Pedro fue escrito
como antídoto para el libro inflamatorio del Apocalipsis. 2ª Pedro no fue
escrita por Pedro y es de poco valor. La epístola de Judas trata de herejías
que ya no existen y está fuera de tiempo actualmente. Apocalipsis no es
profético y tiene poco valor”.
En cuanto a doctrinas:
“El Dios de Moisés es la “divinidad de la montaña” (una divinidad
pagana). Dios es padre de todos (universalismo). La trinidad es un concepto
novo-testamentario. Jesús no reclamaba ser Dios: Jesús no era el único hijo de
Dios, pero realizó las más altas posibilidades de Dios morando en un hombre. No
hay tal cosa como nacimiento virginal de Jesucristo. La cruz no es necesaria.
Isaías 53 no nos habla del Señor Jesucristo. La resurrección no debe ser
entendida literal o corporalmente; los relatos escriturales de la resurrección
están en conflicto y por otra parte, la resurrección física o corporal de todos
no es ni razonable ni tampoco necesaria. Los santos son también gente como
Kagawa o Mahatma Gandhi. Los hombres no son nacidos con una naturaleza humana
corrompida. Fe salvadora no es una doctrina bíblica. El nuevo nacimiento es una
etapa del desarrollo humano. La persona de Satanás es negada. Los demonios son
meras teorías. El anticristo es una figura de las supersticiones antiguas. Los
oficiales de la Iglesia, no son requeridos para que crean doctrinas. Mahoma,
Confucio, Hinduismo y Budismo, son grandes fes. Cristo junta y exalta lo más
profundo de esas religiones. Destino eterno no es resuelto en la muerte; disciplina
purgatorial le sigue. Cielo e infierno, no son otra cosa que imaginación
liberada. Cristo no enseñó su segunda venida y no habrá tal; Pablo equivocóse
sobre esto. El Reino vendrá por reformas sociales”. (Ultimamente se ha llegado a decir que la U. N., es el
“reino” de Dios).
¡TAL EL CUADRO! ¡ESO ES EL MODERNISMO RACIONALISTA!
¡ESTA ES LA APOSTASIA! Desgarra el
corazón pensar que esas son las enseñanzas que algunos maestros del metodismo
han desparramado entre niños, jóvenes y adultos en sus Escuelas Dominicales,
miembros de sus Iglesias y estudiantes en sus Institutos Teológicos. Mas
gracias damos a Dios, por la vigorosa reacción de algunos fieles hermanos
metodistas como el Hno. Conant y otros en los Estados Unidos; y como lo fueron
en nuestro país el Dr. Juan F. Thompson, el Dr. Guillermo Tallon, el Pastor
Alberto G. Tallon, el laico Nicolás Casullo y tantos otros, hermanos amados en
el Señor. Dios levante en nuestro tiempo, a muchos metodistas como aquellos
primitivos metodistas de fe genuina y ardorosa pasión por la Palabra de Dios,
cuya santa memoria y denodado ejemplo jamás olvidaremos.
Desde luego, el
modernismo-racionalista fracasó estrepitosamente en la evangelización de los
pecadores y en la edificación de los creyentes. El modernismo no convierte a
nadie aunque engañe a muchos. Por otra parte, su tan decantado mejoramiento progresivo de la
humanidad, basado en sus teorías optimistas del llamado Evangelio social, sufrió rudo contraste con el estallar de
dos horrendas guerras mundiales, que echaron por tierra la pretensión de Evolución moral, traslación
religiosa de las teorías de la evolución física. Unase a ello, la resistencia
que en muchos ámbitos cristianos hallaron tales errores, por la acción clara y
valiente de aquellos fieles fundamentales en su fe que Dios levantó en todo
tiempo y país conocido y en toda Denominación Evangélica existente, así como
aun fuera del campo denominacional propiamente dicho, aunque siempre Cristiano,
para enfrentar al modernismo-racionalista, exponerlo y refutarlo; y se nos hará
claro que Satanás se vió urgido, tiempo ha, a ir pensando en algo más moderno aún, con lo cual pudiera
continuar su ministerio de error y engaño. Pero esto merece capítulo aparte.
Ill) Nuevo modernismo: Barthismo; Neo-Ortodoxia (Vínculo a segunda parte)